Arte, Vandalismo y Acción Directa con Miss Eu G: DJ de El Doctor, MC y Gestora Cultural

Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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La persona que le pincha los beats y le hace los adlibs a El Doctor en vivo es mujer y se llama Miss Eu G. Ella es DJ de trap, rapera y productora y gestora cultural; y durante los primeros años también fue su manager, organizando fechas y giras alrededor del país.

“Soy una piba megacuriosa del tercer cordón del conurbano”, se define.

Dentro de la escena trap es un bicho raro: desde chica que se conoce todas las bailantas pero también iba a ver bandas de la escena alternativa. “No sé de dónde me bajó la data de que a mí me gustaba la música experimental, sónica y alternativa en ese momento, pero me la pasé arriba de los trenes recorriendo todo Buenos Aires yendo a ver bandas todos los fines de semana desde los 13 años”. Le gustaba mucho ir a ferias de fanzines, fiestas contraculturales y fechas under. Y es fan de la literatura y el cine.

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Al Doctor lo conoció en una de estas vueltas. 7 años atrás, la DJ investigaba la escena de rap Argentina pero no la sastisfacía: había algo del rap cociencia que la terminaba aburriendo. Así fue como le llamó la atención El Doctor por sobre los demás MCs del momento, mucho más nasty, controversial y con un pie en el punk. 

“Rapeaba con su peinado tipo Misfits y yo dije este chico es un raro”, ríe. Le gustaron sus letras duras y explícitas. El trabajo juntos se fue dando naturalmente y se fueron consolidando como dúo. Al principio también era su manager. Sobre esto le interesa remarcar: “El tema de ser una manager mujer y trabajar en la noche con todo lo que eso conlleva. Hay gente pesada en todos lados y nosotros también lo somos. En esas relaciones de fuerza hay que ser muy pistera y saber manejarlo muy bien para sobrevivir. Definitivamente no es para cualquiera”.

Hoy delega gran parte de esas tareas para centrarse en su carrera artística, tanto junto a El Doctor como solista, y trabajan con un manager que los maneja a los dos. Y tienen, junto al resto del equipo, un sello que se llama Muerte a la Poli.

“Yo no creo que adherirse a la hegemonía o a la moda de la estética del momento sea el único camino aceptable como artistas. Todo lo que es genuino y real tiene su peso. Por eso podemos decir que llenamos un Groove en la presentación del disco solos, sin publicidad. Somos artistas independientes posta”, cuenta.

Y pueden estar felices que, a pura autenticidad y garra, llegaron lejos: sus próximos shows son el Primavera Sound -con El Doctor como único rapero masculino en el mismo día junto a Travis Scott, aclara- y el festival Nueva Generación en el Estadio Kempes de Córdoba. También acaban de confirmar su participación en la próxima edición de Cosquín Rock.

“No vale apropiarse del lenguaje y de experiencias que no condicen con tu clase social”

Junto al Doctor funcionan como banda. No solo es la DJ, sino que es una parte fundamental del proyecto tanto creativa como operativamente.

“Considero que hago unos adlibs diferentes”, cuenta Eu G, y explica que tiene que ver con sus influencias musicales que exceden al rap: punk, postpunk y hardcore. “Siento que soy una persona híbrida culturalmente hablando. El Doctor es un artista de trap y rap gangsta hardcore y también muy punk aunque suene todo muy aislado”.

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Recientemente subió un tema, “Nunca van a ser Trap”, con ClubHats. Lo hizo en Sponsor Dios, el estudio de Ysy A. “Todo el tiempo estoy recibiendo propuestas para trabajar con los que yo considero que son los mejores productores del trap argentino y eso me hace sentir muy bien, así que se viene mucho más”. En el futuro va a sacar un perreo junto al Doctor y a DJ Mami . “Todo para aportar a la fiesta que tanto nos gusta y tan bien nos hace”.

Le gusta componer utilizando la técnica del freestyle, y su inspiración es la realidad. Para ella eso es lo único que define verdaderamente al trap: “No vale apropiarse del lenguaje y de experiencias que no condicen con tu clase social. Eso me parece que es muy negativo para la construcción de un lenguaje que se basa en la representación de la realidad de las clases bajas”, analiza.

“Todo lo que es conceptual es mutable, sin embargo de lo único que estoy segura es que el trap debe ser una representación de la realidad de personas en los márgenes de esta sociedad”. Y agrega: “Y ante todo rapear bien”.

Como DJ no tiene muchas ataduras: pincha lo que le gusta. Música del caribe, rap y trap estadounidense, baile funk. Cuando toca en fiestas sus sets tienen un poco de todo eso siempre con un pie en el underground. También es una gran admiradora de la cultura clubber. “Salir a la noche a divertirse y escuchar lo que los DJs tienen para compartirnos. Es una manera de expresarse muy linda. Y me gustaría pedirle a la gente que no ande pidiendo temas, que lo que hace el DJ en su set también es una forma de comunicarse respetable. Hay que ir a disfrutar y a descubrir cosas que no conocemos”.

Y dispara: “Quiero invitar a todes a que tengamos una búsqueda sonora más amplia”.

“Es un cóctel hermoso fumarte un porrito y hacer freestyle”

Miss Eu G probó la marihuana de adolescente y desde ese entonces la acompaña. El porro tiene mucho que ver culturalmente con la música que ella hace y escucha y siente que son cosas que van de la mano. La ayuda mucho en sus procesos creativos, siempre con responsabilidad: “Es un cóctel hermoso fumarte un porrito y hacer freestyle, fluir en beats y demás. Es muy lindo así que suelo encarar por ahí”, dice.

El porro es lo que más circula en los camarines y los shows de la banda, cuenta. Es lo que fuma todo el equipo. Esto puede sorprender dado que El Doctor se hizo conocido con una canción llamada “Falopa y Pasta Base”.

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“A pesar de que El Doctor habla de las adicciones en sus canciones me gustaría que la gente escuche bien las letras porque el nunca dice que está bueno lo que atraviesa a partir de todo eso”, cuenta la dj.

Jamás fomentan un ambiente de consumo de cosas más pesadas. “Todas las letras expresan el dolor que conlleva la adicción. Hacemos trap, que significa atrapado. Y nos pone muy tristes que mucha gente joven se arruine a través del consumo de ciertas cosas”, sigue.

En todos los ambientes se consume de todo. Yo me preocuparía mucho más por artistas que hablan de la paz y el amor cuando en su vida eso no es una realidad. Hablar de nuestras vidas de una forma real y hacernos cargo de eso es un primer paso hacia la transformación. No me parece que la única manera de poder hablar de sanación y progreso sea esa que nos muestran las redes sociales, tan clean y hegemónica”.

“Sororidad es entre mujer y mujer, no entre mujer y lora”

“Fui y soy una de las pocas mujeres que acompaña a un show de estás características en este país, no sé si la única debo decir “, afirma, y está en lo cierto. No es para nada común ver a una chica acompañando a un trapero hombre detrás de las bandejas, y mucho menos a uno que rapea sobre los temas que rapea El Doctor.

“Todos los géneros tienen una mirada bastante controversial con respecto a la mujer. Yo sé que éste contenido no es misógino porque eso habla del odio hacia la mujer y en este caso nadie odia a nadie. No le vemos la carga negativa a la palabra ‘puta’. Tengo muchas conocidas y amigas que se dedican al trabajo sexual y son abiertamente putas”, cuenta.

Sí le ha pasado que otras mujeres la confronten por esto mismo. Una vez, cuenta, un grupo de chicas muy rubias y muy blancas la encararon en Niceto acusándola de mala feminista por trabajar junto a El Doctor. “Recuerdo haberles dicho que si ellas por mes juntaban el dinero que yo necesitaba para vivir, yo con gusto dejaba la banda y comenzaba a vivir de los fondos que me daban. Obviamente no acusaron respuesta”, cuenta.

Se hace cargo del lugar que le toca y a la gilada ni cabida. “No me gusta andar dando muchas explicaciones. Si al final el lugar que tenemos las mujeres de barrio, con todo lo que eso conlleva, es tener que andar dando explicaciones no estoy muy de acuerdo con eso. Me resulta muy contraproducente pensar que las mujeres somos castas, puras y que acarreamos paz y amor todo el tiempo porque no es así”.

Y sentencia: “Una vez leí en Internet: sororidad es entre mujer y mujer, no entre mujer y lora. No pienso que cualquier persona que me venga a lorear esté realizando un acto muy transformador para las mujeres dentro de esta sociedad”.

“Soy una gestora de buenas noticias”

Además de todo lo que hace, Miss Eu G también es asistente de producción en Peek LATAM, primer y único canal digital de streams por Twitch del país. Ahí producen streams musicales junto al Doctor y MCs y beatmakers invitados. 

Lo que más le gusta es visibilizar el trabajo y la dedicación de lxs productorxs, en muchos casos invisibilizadxs. “Para mí es súper importante darles espacio e identidad a los productores que están detrás de cualquier pieza musical que escuchamos”, dice. Por ahí pasaron Kaleb Di Masi, Perro Primo, DT Bilardo, Gabino Silva, Chulimane junto a su productor Ramiro y Dellaloula (productor y DJ de Barderos Crew).

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“Le meto a la gestión hace años, soy una hacedora, gestora de buenas noticias diría. Todo lo que se me cruza lo quiero transformar en una experiencia dentro del arte y la cultura”, se describe.

“Siempre me gustó mucho el arte”, dice, y se ríe: “Bah, más que el arte… el vandalismo y la acción directa”.

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Rebotame que Me Gusta: Algunos Puntos de Vista sobre la Cultura del Dresscode y el Derecho de Admisión en los Clubes de Berlín

Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Berlín es la meca global del techno y sus clubes bailables son parte fundamental del capital cultural de la ciudad. Un aura sagrada los rodea. Y es un hecho: no se parecen a los de ninguna otra parte del mundo, y las cosas que pasan allí no pasan en ningún otro lugar.

Que está prohibido sacar fotos, que podés cruzarte con un gang bang en acción, que podés hacer cuatro horas de fila y el “seguridad” puede no dejarte pasar si no sos lo suficientemente góticx: se dicen muchas cosas, y la mayoría son ciertas.

Aunque, obviamente, el relato es solo una porción -reducida y simplificada- de la realidad, y del infinito abanico de posibilidades que se abren al atravesar (o no) las puertas del Berghain, Trésor, KitKat, Sisyphos, RSO y muchísimos más. Sitios que, más que clubes, a esta altura, son instituciones. Tanto que tienen su propio comité regulador, que es el organismo por donde pasan las decisiones políticas, económicas y sociales que competen a la rave berlinesa.

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La cuestión del derecho de admisión y del código de vestimenta encarna en sí misma varias contradicciones. Algo que sería muy problemático en un país como Argentina, donde el derecho de admisión basado en la vestimenta tendría sí o sí implicancias clasistas. Pero, en Alemania, se sostiene y se celebra.

¿Por qué algo a simple vista tan discriminatorio y arbitrario, tan contrario a los valores que se predican hoy en día, es no sólo tolerado sino celebrado? ¿Cómo puede ser esto una parte esencial del folklore joven de una de las ciudades más modernas y progresistas que existen? ¿Tiene algo de positivo? Y, finalmente, ¿cómo podemos garantizar nuestra entrada a los clubes?

Un poco de contexto

Berlín es una ciudad de polaridades y contrastes, con identidades muy marcadas y en ciertos aspectos opuestas entre el este y el oeste , el invierno y el verano, el día y la noche. En esta última dicotomía vamos a hacer pie: la Berlín diurna es una ciudad (muy) verde que se recorre en bicicleta, familiar, de eventos al aire libre, ferias comunitarias, paraíso vegano y ecofriendly. De noche, su condición de capital de la contracultura se deja notar. La música es dura, los antros están derruidos, las drogas y el sexo están a la vista y no escandalizan demasiado a nadie.

Todo esto parece coexistir sin mayores tensiones porque Berlín es la ciudad de las libertades individuales. Su sociedad está cimentada sobre un pacto social de respeto al prójimo, absoluta confianza y cero intrusión en la vida ajena. Mientras se cumplan las tres, el equilibrio se sostiene.

Y si bien se ve mucha más gente viviendo en la calle que en algunas otras ciudades de europa, y aunque parezca la capital absoluta del hedonismo, la tasa de criminalidad es bajísima, les niñes andan soles por la calle desde muy pequeños y la confianza en el vecino es uno de los pilares de la vida cotidiana.

Algo que tal vez nos cueste entender a aquellos que vivimos en otros tipos de sociedades es que, paradójicamente, las reglas de la libertad son duras. Y, si bien nadie que no sea local tiene porqué hacerlo a priori, conocerlas (y acatarlas a rajatabla) es clave para tener una buena experiencia. Esto se traslada a lo que pasa dentro de los clubes.

Por ejemplo, consumir drogas en la pista de baile es motivo de expulsión, y no de buena manera. Pero meterse de a 5 personas en un baño a consumir lo que sea y pasar quince minutos allí mientras la gente espera fuera, o recibir una lluvia dorada en el dark room está permitido y es, de hecho, esperable. Confuso, ¿cierto?

En líneas generales

Hay un solo consejo que vale para todas las raves: no vayas a ningún lugar sin saber a dónde estás yendo. 

Cada club tiene su propio dresscode y en muchos casos éste cambia según la propuesta de la noche. Los hay más estrictos (Berghain, Kitkat) y más laxos (Trésor, Renate, Sisyphos), pero en todos es recomendable informarse sobre si hay, por ejemplo, una noche temática: kinky, fetish y queer son consignas relativamente habituales.

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La información sobre el dresscode de cada noche en particular muchas veces no está disponible a simple vista en redes sociales, pero existe y se encuentra. Sin embargo, hay algunas reglas de etiqueta a la hora de hacer la cola que suelen ser comunes y no tienen que ver con el look: no demostrar ser un grupo grande, no usar demasiado el celular y muchísimo menos sacar fotos, no hablar demasiado (menos en idiomas extranjeros), no estar dadx vuelta y no demostrar un entusiasmo excesivo.

Foto: James Dennes, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons // Editada en Canva

Si se quiere entrar hay que jugar el juego, encarnar la performance: vestirse, separar el grupo grande en conjuntos de dos o tres personas máximo (incluso mejor solos), poner cara de perro y esperar encontrarse todos adentro. Lo cual es probable que no suceda. Y de nada sirve pelear, enojarse o insistir.

Esta aversión por los grupos grandes no es casual: principalmente cuando son de hombres, éstos grupos son mucho más propensos a generar situaciones problemáticas y de invasión del espacio personal en un contexto donde debe primar la libertad individual y la comodidad. En Berlín se baila solo. A diferencia de lo que acostumbramos de este lado del globo, se espera que la experiencia clubera en Berlín sea casi introspectiva: que la gente se conozca dentro, tal vez tenga sexo, tal vez comparta un rato, pero que literalmente cada uno esté en su mambo. Las personas bailan solas, mirando hacia la cabina de lx DJ o hacia el punto que quieras: los grupos grandes, y ni hablar si bailan en ronda, generalmente no son locales.

Otra particularidad es el rango etario: si la escena techno en Argentina está dominada por la franja sub 25, en los clubes berlineses se ven poco y nada caras post adolescentes. Verse muy joven es un punto en contra para entrar. El público de los clubes suele rondar los treinta y pico.

Las paradojas de la no discriminación

La obsesión por buscar ambientes cuidados tiene en gran parte que ver con la búsqueda de la no discriminación: no racismo, no sexismo, no homofobia, no intolerancia de ningún tipo. Esa suele ser la bajada de la mayoría de los clubes emblemáticos de Berlín. Sin embargo, en la tipificación del sujeto que no discrimina, no es sexista ni homofóbico, obviamente se cuelan también prejuicios y, se quiera asumir o no, discriminación. Como si no fuera discriminador y problemático partir del supuesto que la gente que no discrimina luce y viste de cierta manera.

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Se entiende que en la vida nocturna de esta ciudad, parecer y ser son considerados una misma cosa. “Dejé de vestirme todo de negro porque eso está muy asociado al techno y me ha pasado que al estar por tocar me digan ‘qué bueno, vos no vas a pasar reggaeton’ y tal vez sí paso reggaeton”, dice Pablo Betas, aka Bungalovv, músico y DJ argentino que vive en Berlín. Su sonido va del noise al deconstructed club y aunque es oscurísimo, tiene mucho más que ver con los ritmos latinos que con el bombo en negras. Y, en un contexto donde la vestimenta es tan precisamente considerada código, tal vez en ciertos momentos su look implicaría cosas sobre su arte que no son ciertas.

“En Argentina no te dejan entrar por puto, pero no sé si hay hay algo peor para un puto que no te dejen entrar a un boliche por parecer paki”, reflexiona Joaquín, argentino y gay, luego de que le denegaran la entrada al KitKat por cuestiones de dresscode. Joaquín se presentó de remera negra de banda, pantalón negro y luciendo sus elaboradas uñas esculpidas.

Pau es español, vive en Berlín y trabaja en la barra de Renate, en el barrio de Treptower Park. No es de los clubes más exigentes en cuestiones de dresscode pero sí en algunas noches temáticas particulares. En su experiencia, la cultura del derecho de admisión acaba teniendo consecuencias más positivas que negativas, pero le genera sentimientos encontrados: “Entre las cosas negativas se encuentran que la gente deje de ir, bien por el medio a ser rechazadx o por no estar de acuerdo con el hecho de que te juzguen sin conocerte, cosa que me parece razonable”, lamenta Pau.

No está escrito en ningún lado pero, en los clubes más famosos, de fuerte impronta queer o gay, las mujeres son minoría, así como las lesbianas, las personas trans y las masculinidades fluidas. Y entre los hombres cis, con ser y parecer homosexual, muchas veces tampoco alcanza. Incluso, dentro de la comunidad LGBTQ, hay preferencias; aquellos que más garantizada tienen la entrada a los clubes berlineses más emblemáticos son los hombres cis que encarnan una masculinidad hegemónica. Normativa, bah. Cuerpos tallados, cuero, látex y actitud, con perdón de la simplificación, activa. Pero ojo: el típico grupo de chabones tiene el rechazo casi garantizado.  

clubes berlin tresor
Foto por Thomas Stein, CC-BY-SA-2.0, vía Wikimedia Commons.

En los clubes más sex positive (aptos para tener sexo), claramente la codificación tiene que ver con la orientación sexual y la identidad de género: en Berghain, la mayoría son hombres cis pero se ven muchas más identidades trans que en KitKat, por ejemplo, de impronta mucho más binaria.

Vale aclarar que ésto refiere a estos grandes clubes emblemáticos: la escena rave en Berlín no termina ahí y está repleto de kulturhaus, espacios y fiestas independientes que se corren del lugar institucionalizado del club y buscan convocar otro público, femenino, feminista y disidencias no cis. Pero vale insistir en que el concepto de rave como la cápsula espacio-temporal donde cada persona puede ser quien es atraviesa el ADN de la ciudad sea cual sea la escena y la línea editorial del evento. Por lo tanto, lo normativo no es muy bien recibido en ningún contexto.

El rebotador, una curiosa institución

La figura del bouncer (que viene de bounce, precisamente rebotar, en inglés, y en criollo sería el patova) es distinta en Berlín que en otros lugares de Europa y ni hablar de Latinoamérica. “Establecés una relación tóxica con los patovas”, ríe Joaquín. Una relación en la cual hay bronca y desprecio pero una necesidad absoluta de igualmente ser aceptado.

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Pau compara con los bouncers de su país natal: “Con aires de superioridad por cuestiones físicas y con un trato para nada agradable”, cuenta. Y eso es verdad. Los bouncers de los clubes de Berlín no son personas enormes y musculosas vestidas de uniforme: su autoridad no pasa por ahí.  Hay que decirlo con todas las letras: el capricho juega un rol importante, se cuida y se celebra, en lo que atañe al rol del bouncer. Y, si no te gusta, ahí está la puerta (que no vas a poder atravesar).

Y si bien el bouncer del Berghain ha dejado afuera sin motivo a gente que hizo fila por horas con temperaturas bajo cero, su condición de rey del hielo parece inobjetable. Su “no es no”, y listo. No hay más explicaciones. El lado oscuro (mejor dicho: uno de los tantos) es que se han reportado casos de bouncers de clubes menos afamados que, subiéndose a esta mística, han tenido conductas sexistas, racistas y clasistas con total impunidad.

Los sí

“El tema del dresscode sí creo que tiene consecuencias positivas para la experiencia, sin dudas, tanto para Renate como para todos los otros clubes”, reflexiona Pau.

“Si bien puede ser basado en prejuicios y aunque haya gente que, entre muchas comillas, ‘merecería entrar y no entra’ y gente que, entre muchas comillas, ‘no merecería entrar y sí entra’, sí creo que la mayoría de la gente que entra está ahí para disfrutar, bailar y dejarse llevar. En las fiestas donde no hay ninguna clase de filtro en la entrada, el ambiente puede ser menos de este tipo, más normal en un mal sentido”.

Como Joaquín, que días después volvió a intentarlo y finalmente entró a KitKat, y con un poco de bronca tuvo que asumir: “Estando adentro entendí por qué no me dejaron pasar la otra vez”.

Será porque el filtro basado en la apariencia es efectivo o porque el sentimiento de agradecimiento y felicidad por haber entrado hace que todo el mundo se predisponga de la mejor manera, pero esa atmósfera “curada” se siente y para bien. Adentro, nadie mira a nadie, ni nadie presta demasiada atención a nadie. Tampoco, de no meditar una expresión de voluntad, nadie toca ni busca a nadie para bailar. Es una extraña imagen de vibración colectiva constituída por muchas individualidades.

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La prohibición de sacar fotos se extiende hacia todos los clubes de techno. Algunos son más laxos con la utilización de celulares adentro y colocan un sticker sobre la cámara. Otros directamente obligan a dejar el bolso con el celular adentro en el guardarropas, y eso va a depender de la actitud de quién esté en la puerta.

Pasado el momento de ansiedad inicial es inevitable estar de acuerdo con la medida: la imposibilidad de registro, mucho más que el dresscode, es lo que habilita la magia.

Si cualquier persona pudiera fotografiar lo que sucede allí dentro, simplemente esas cosas no podrían suceder. ¿Tendría sentido la existencia de un darkroom si estuviera lleno de turistas haciendo stories? Claro que no. ¿Habría tanta mística alrededor de toda la escena rave berlinesa si la viéramos, precisamente, por stories en vivo todos los fines de semana? Tampoco.

Zoom in: Berghain, KitKat, Sisyphos

Al entrar a KitKat, la sensación es la de ingresar a un palacio romano psicodélico de la orden de Calígula: la enorme cantidad de cuerpos semidesnudos o desnudos son lo de menos. Un espacio lleno de recovecos, espejos y alfombras, pintadas fluorescentes, con un lounge lleno de camastros digno de un spa del inframundo y una piscina de ambientación oriental llena de inflables.

En este club se siente eso de club más palpablemente: en KitKat la música no parece ser lo principal. Es más un punto de encuentro, entre un sauna, un boliche y precisamente un club social muy exclusivo. La gente se agrupa a los costados de la piscina y chillea, conversa, se ven muchos grupos de personas que se conocen de ahí adentro y que seguramente no llegaron juntxs porque ya saben dónde encontrarse. Claro que las pistas están llenas, pero no cubren ni la mitad de la superficie total de lo que es el club en sí, y no son el espacio principal donde se desarrolla la acción.

Como en un buen club social exclusivo, la gente no va en grupos grandes sino a encontrarse con los amigos del club. Y el derecho de admisión es una cuestión a tener en cuenta: áspera para principiantes e iniciados, y ningún motivo de preocupación por los habitués que ya tienen ganado su derecho de piso.

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Sin embargo, KitKat tiene una fama sobre la cual no hay consenso: si bien allí funcionan noches fetish en donde la inmensa mayoría son hombres gays buscando hombres (y donde el dresscode de latex, desnudez y BDSM es estricto), los fines de semana es un club donde la gente, sea cual sea su orientación sexual, va a tener y buscar sexo. Y ese inevitablemente es un terreno que a veces se vuelve pantanoso y tiene potencial de tornarse desagradable para ciertas sensibilidades.

Tybo, un joven suizo radicado en Berlín, dijo durante el amanecer de una noche de jueves de fetish: “Mañana no vale la pena venir, mucho más straight y aburrido”.

Sisyphos tal vez tiene una bajada más vainilla y apta para todo público, y esa es la razón por la cual muchxs berlineses lo consideran “más turístico”. Es muy turístico también porque es un lugar fascinante. Allí, los dresscodes no suelen ser tan estrictos y la música no se limita al techno berlinés, sino que en sus múltiples pistas también hay house y otras yerbas. 

No es un club tan sex positive como los otros y, por lo tanto, es un buen intermedio para aquellxs ravers que quieren bailar y presenciar un poco de la excentricidad berlinesa sin meter los dos pies en un agujero espaciotemporal.

El dresscode es relajado y cool y hace eco en el espacio, donde, en la temporada cálida, el afuera es casi más importante que las pistas cerradas, y la gente disfruta refrescándose en la playa artificial que se encuentra dentro del enorme y delirante predio. Los colores y las texturas amables están permitidos: simplemente es mejor no llevar nada demasiado acartonado, pretencioso ni que grite “oficinista en su día libre”.

Muy divertido y ameno. No obstante, no es el club favorito de los “music nerds” ni de los cultores del techno berlinés. Ese es Berghain, reconocido como “el mejor club del mundo”, el que tiene el mejor sonido y el santo grial para lxs DJs de todo el mundo.

clubes berlin sisyphos
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Berghain es aquel que popularizó esta dinámica y tiene unos de los derechos de admisión más estrictos, siendo su bouncer, Sven Marquardt, un personaje de culto que hasta tiene su propio documental. Se comenta que figuras como Britney Spears y Elon Musk se quedaron afuera de Berghain. No existe otra sala de entretenimiento en el mundo que siquiera se le acerque en mitología. De más está decir que adentro no hay espejos ni relojes.

Berghain nació como club gay de hombres -cuando se llamaba Ostgut, a fines del milenio pasado- y algo de esa impronta todavía perdura, aunque toda disidencia tiene más chances de entrar que hombres y mujeres de aspecto normie.

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Sí, vestir de negro no va a estar de más, y ser alemánx también ayuda: se convirtió en una especie de juego de turistas el lookearse y seguir todas las indicaciones a rajatabla para ver quién entra. Y esa es precisamente una de las pocas cuestiones sobre las cuáles hay consenso a la hora de hablar de este tema: el objetivo es que pase gente que está ahí por la música, para bailar y vivir la experiencia, y se busca evitar a toda costa a quienes quieran entrar para decir que estuvieron allí. Esto hace que el look sea muy importante pero el trying too hard sea razón de rebote. Así que: dark sí, fetish sí, cómodx también. Disfrazadx, demasiado elegante o siguiendo un manual de estilo a rajatabla, no.

Dentro del club, pasa algo similar a lo que describe Joaquín: se entiende por qué tanto lío alrededor del ingreso. La atmósfera es cuidadísima, hay espacio para bailar, circular y escuchar. La cabina de lxs DJs está a la altura de la gente y a un costado: el protagonismo lo tiene la pista. Y con el mejor soundsystem del mundo, el famoso Funktion One, y con lxs DJs más celebrados del techno global. Así, entonces, la pista sólo merece estar cuidada. Estando adentro es inevitable pensarlo: sí, toda la mitología es cierta, es el mejor club del mundo.

“Cuando fui a Berghain hice tres horas de cola y entré. Y había mucho sitio adentro. No sé si daría para que todo el mundo entre, pero también es verdad que no les hace falta. Entré a las 4 y media de la mañana, estaba pinchando Ben Klock y pude tenerlo a un metro, estar delante de los altavoces y tener mi espacio para bailar perfectamente”, cuenta Pau.

Y sucede que, entre tanto relato, leyenda, mística y habladurías, se pierde de vista algo elemental: estos clubes tienen una demanda muchísimo más grande de la que pueden abarcar. Simplemente no hay espacio para la cantidad de gente que potencialmente quisiera entrar, todos los fines de semana de todo el año. Y mientras más crecen las leyendas, más gente y menos espacio. Y más despiadado el bouncer.

Esta cronista llegó a la puerta del Berghain un día que había menos de diez personas adelante: pasamos todxs, hasta los no góticos. Si alguna vez fuiste y no pasaste, al final nunca vas a saber si tu outfit estaba mal, si tu acento no gustó, si el bouncer se despertó de mal humor o si, simplemente, era un mal horario por el tráfico excesivo de gente. “Sí hay mucha mitología alrededor de ésto, alguna basada en la realidad y otra no, pero sí siento que es un poco parte de la gracia”, concluye Pau.

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Sustancias en las Raves Europeas: ¿Cuáles Circulan en la Noche del Viejo Continente?

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El 2022, el primer año desde el inicio de la pandemia en el cual tanto los clubes como los festivales y los shows retomaron actividad sin interrupciones. Esta vuelta trajo consigo récords de convocatoria. Y, con esto, el consumo dentro de esos espacios también se disparó.

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Cada región tiene su música, sus fiestas y sus sustancias particulares. Y en las fiestas europeas circulan sustancias que son muy poco comunes en esta parte del globo. Si Europa es el continente de la rave; hoy en día, ¿qué se drogas se consumen en esas fiestas? ¿Circulan sustancias diferentes a las que circulan acá?

Para conocer en profundidad sobre estas sustancias, sus contextos de consumo, efectos y riesgos, consultamos con Dimitris Ntarras, parte del Awareness Team con base en Berlín. Este equipo (podría traducirse como “Equipo de concientización”) trabaja con colectivos generalmente queer, sex positive y body positive para la creación de espacios de disfrute seguros.

“Me parece muy importante que los miembros del equipo tengan un pie en la escena, significando que ellos también son ravers, y tienen una experiencia cercana con los consumidores de sustancias y la cultura alrededor de la comunidad raver queer”, explica Ntarras.

Sus acciones dentro del contexto rave se desenvuelven en varios niveles. Ntarras enumera:  reducción de daños a través de material que difunden y proveen, búsqueda y cuidado de personas cansadas o que se sienten mal en la fiesta, intervención de forma no violenta en situaciones de abuso, discriminación y segregación, apoyo emocional a personas malviajadas o que están teniendo una mala experiencia dentro o fuera de la fiesta a través de la contención anti autoritaria y el empoderamiento en casos de que sea necesario.

“Y último pero no menos importante, el sentimiento de que nuestros valores están siendo protegidos a través de nuestra presencia y visibilidad en estos espacios. Estamos ahí para cuidarnos entre pares”, dice.

Parte de la cultura

Consultado sobre las drogas de mayor abuso, es categórico: atienden casos de abuso, por supuesto, pero esta manera de consumir y sus consecuencias afortunadamente no son el estándar dentro de las raves y los clubes europeos en los que ellxs trabajan.

La mayoría de la gente consume a conciencia, aunque eso signifique en algunos casos elegir cuándo y cómo perder un poco el control. Y los casos que atienden de sobredosis o personas en riesgo de vida real son pocos. “Los ravers consumen conscientemente para alcanzar cierto tipo de experiencia o inhibir otras. Para conectar en lo profundo con sus cuerpos, física y espiritualmente”, dice. “Aunque en los últimos años se puso de moda y llegó a las pasarelas del mundo, sigue habiendo mucho estigma e ignorancia alrededor de la cultura rave”.

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La cultura de las drogas recreativa en Europa no se remite a los clubes, reflexiona, sino que se extiende por bares, parques y chemsex o fiestas sexuales (de gran popularidad en algunas ciudades europeas sobre todo en Alemania, Holanda y Europa del Este).

La simplificación llevaría al prejuicio y no se puede hablar de un solo tipo de droga para un contexto o un consumo único de moda. “Hay quienes solo usan alcohol para la rave, otros que solo toman agua, otros que prefieren ketamina con speed (a esos los llamamos old school)”, cuenta.

Los polvos básicos: keta, coca, speed

La ketamina, droga de uso extendido también en Argentina y Latinoamérica, merece una mención. Este anestésico originalmente usado en veterinaria, que viene originalmente en formato líquido y se cocina hasta adquirir la textura de cristales para esnifar, está atravesando un pico de popularidad en el viejo continente.

“Los berlineses aman su ketamina y no puedo culparlos”, dice Ntarras. En las raves de la post-pandemia, la ketamina se ve circular mucho más que otras drogas más históricamente asociadas al contexto, como pueden ser el MDMA o el éxtasis en comprimidos. Aunque las mismas, al igual que el popper y los inhalables, siguen gozando de popularidad.

Un consumo muy popular es la ketamina mezclada con un estimulante, sea speed o cocaína. Esta última es una combinación tan habitual que ya tiene estatus de droga en sí misma: le dicen “Coketa”. Dos drogas que se consumen vía nasal, algunos usuarios la toman mezclando los dos polvos y otros intercalan, con segundos de diferencia, un shot de cada una. La combinación, como es de esperar, mezcla los efectos disociativos y psicodélicos de la ketamina con la euforia y el estado alerta de la cocaína.

Ambas drogas dan un efecto de “regularse” entre sí pero, según los cuadros informativos de Échele Cabeza, plataforma de reducción de daños con base en Colombia, esta combinación es de alto riesgo ya que significa la mezcla de un anestésico con un estimulante y esto puede inducir a complicaciones fisiológicas.

Pero también hay alta circulación de drogas de fiesta de las que en Argentina sabemos poco y nada. Algunas de ellas son el speed, la mefedrona, el GHB y su precursor el GBL.

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El speed es una anfetamina muy barata que suele administrarse a modo de cristales por vía nasal. Con utilización similar a la de la cocaína, se utiliza por sus efectos estimulantes y su inducción a un estado de alerta y concentración. Es una sustancia de uso recreativo de la misma familia que las drogas legales que se utilizan para estudiar y anteriormente para tratar el ADHD como son el Ritalin y el Adderall. 

El speed, de uso muy extendido en raves de Alemania y España es, según Ntarras, “difícil de encontrar en Grecia e Italia, donde normalmente se prefiere la cocaína”. Este se caracteriza por su efecto del no efecto: es un estimulante puro y duro, muy cerebral, con prácticamente nulos efectos alucinógenos o empatógenos, sin los claros efectos físicos de otras drogas ravers.

Sus efectos a veces tienen más que ver con mantener y por eso es fácil la sobredosificación, que puede llevar a estados de alteración motora y privación del sueño por varios días. Ntarras cuenta que es una droga muy poco usada en el contexto de fiestas chemsex (fiestas sexuales donde se consumen ciertas sustancias para tener sexo), ya que dificulta la erección y la respuesta sexual general.

Raros empatógenos nuevos (para nosotros): cristal, mefedrona, GHB y GBL

“La que sí es muy popular en fiestas sexuales es la metanfetamina, sin importar en qué ciudad estés”, cuenta Ntarras.

No es una imagen tan Breaking Bad como parece a simple vista. Esta sustancia es fundamentalmente consumida por vía oral (cristales y cápsulas) y nasal, y sus efectos son mucho más potentes e inmediatos que los de la anfetamina propiamente dicha.

Por eso se recomienda ir de a poco y consumir menos cantidad de la que consumiría siendo speed o cocaína. También se consume fumada e inyectada y éstas son vías de administración mucho más riesgosas, no sólo por todos los riesgos que ya conlleva pincharse, sino porque con este rápido ingreso al torrente sanguíneo, tiende a desarrollar tolerancia y dependencia mucho más rápida.

drogas europa

El cristal es muy utilizado en fiestas sexuales porque genera efectos similares a los de la anfetamina (estado de alerta, energía, concentración), sumado a una sensación de bienestar. Al igual que las anfetaminas, disminuye las sensaciones de cansancio y sueño. 

La mefedrona, 4-Metilmetcatinona, “mefe” o también conocida como “meow”, es otra droga de administración nasal de uso extendido en las fiestas en Europa. Pertenece a la familia de las cantinonas sintéticas y suele presentarse en forma de polvo blanco de sabor amargo. “Amsterdam tiene una larga historia de GHB así como Londres tiene una aún más larga con la mefedrona”, cuenta el especialista.

La mefe funciona como estimulante del sistema nervioso central y tiene efectos tanto estimulantes como psicodélicos. Usada ampliamente como sustituto del éxtasis como droga de fiesta, ésta tiene algunos efectos similares al mismo, provocando empatía y sensación de bienestar pero también estado de alerta y rigidez muscular parecido al de la cocaína. No se recomienda mezclar con otros estimulantes por su efecto sinérgico. Tampoco con antidepresivos o benzodiacepinas.

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Una sustancia sobre la cual hay mucha preocupación en los últimos años es el GHB y su precursor directo, el GBL. Se trata de drogas de alto riesgo que las personas consumen por sus efectos eufóricos, energizantes y empatógenos.

Lo llaman “éxtasis líquido” y por estos pagos aparece en algunos círculos aunque su consumo es muchísimo menos habitual. Su forma de administración más común es en forma de líquido incoloro que se mezcla con otras bebidas. La preocupación a su alrededor no es solamente por sus efectos sino porque, por la facilidad de su administración, se han reportado casos de uso para drogar personas sin su consentimiento. El consejo es el mismo de siempre: ante la duda, no aceptar bebidas de extraños.

Esta sustancia funciona como un depresor del sistema nervioso central. Luego de la subida, con efectos que pueden durar generalmente entre una hora y una hora y media, viene una bajada pronunciada que induce a la relajación, el sueño y, según las dosis, incluso a la depresión de las funciones respiratorias. Por la misma razón, no se recomienda mezclarla con otros depresores o benzodiacepinas.

En Berlín, describe Ntarras, el GBL tiene mucha más circulación que el GHB aunque a veces las personas confundan las nomenclaturas. El GBL, además, se metaboliza como GHB una vez ingerido. Es ilegal la portación de GHB pero no así de GBL, lo cual hace que sea de circulación más común.

Es una droga de gran uso en orgías y fiestas chemsex por sus efectos de aumento de la sensibilidad al tacto, de la capacidad eréctil y de la respuesta sexual general. Su peligro reside en que sus pronunciadas subidas y bajadas y su difícil dosificación hacen que sea fácil caer en la sobredosificación. Y las consecuencias de esa sobredosificación pueden significar muchas cosas. Entre ellas, la muerte.

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Con el GHB y el GBL, la grieta entre las dosis activa y la sobredosis es muy delgada. “Es una droga particularmente poco confiable porque unos pocos mililitros pueden significar una diferencia enorme a la hora de tomar una dosis”, cuenta Ntarras.

El GHB y el GBL se consumen de a una dosis, siendo entre 0.5 ml y 1.5 ml una medida segura, espaciadas obligatoriamente por, al menos, una hora. Pero aún así es difícil determinar la concentración, y el autocontrol y autoconocimiento del consumidor juega un rol fundamental para no aumentar la dosis luego de una bajada.

No todas las sobredosificaciones por estas sustancias son letales, pero lamentablemente son comunes y bien desagradables tanto de ver como de experienciar: espasmos musculares, ojos en blanco, vómitos y pérdida del conocimiento entre otras. 

En todos los casos se recomienda tener una estación de testeo cercana (también las hay en algunas fiestas, clubes y festivales) y analizar la muestra que se piensa consumir, para evitar sobredosificaciones y efectos inesperados.

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‘No Adhiero a Nadie que Esté Orgulloso de ser un Viejo Choto’: Rudie Martínez sobre el Presente de Adicta, los ‘90 y cómo Mantenerse Vigente sin Nunca Haber Pisado el Mainstream

Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Adicta es referente indiscutido de la generación dorada que, allá a principios del milenio, puso al electropop argentino en el mapa, del under hacia el mainstream. Y tal vez el exponente más oscuro, melancólico, misterioso y cargado de mística.

En 2022, el grupo trabaja en nuevo disco, anuncia un show muy especial para fines de mayo y se hace cargo a a la vez su lugar de mito y su condición de entidad viva en permanente mutación.

Y es Rudie Martínez, tecladista, synthman, productor, programador y la mitad del históricamente reconocido como dúo, quién dirige la orquesta y marca el rumbo. Luego del fallecimiento de Ciudadano Toto en 2015, letrista y voz principal, sus canciones siguen siendo honradas en nuevas voces y nuevas versiones, y se mezclan con canciones nuevas concebidas dentro de un renovado espíritu abierto y colaborativo.

Rudie Martínez junto a Adicta

La banda funciona hoy como colectivo: “Que venga el que tiene ganas de venir”, dice Rudie. Y rescata que, en mayor o menor medida, siempre fue así: según el momento, Adicta tuvo entre dos y diez integrantes. Hoy, la voz principal la encarna Maia Tarcic. “Una gran amiga que está muy entusiasmada y aporta mucho de su energía”, describe, contento, el productor.

El show de mayo revisitará viejos himnos y también canciones que hasta el momento sólo fueron tocadas en vivo: no del todo nuevas pero sí inéditas. Tarcic estará a cargo de la voz en el concierto y también en el nuevo álbum, que espera ver la luz antes de fin de año.

“Que venga el que tiene ganas de venir”

El nuevo álbum lleva ya dos años en proceso. Según los cálculos de Rudie, el primer single será lanzado cerca de la primavera. Va a ser el primer larga duración de la banda (que sí sacó singles y álbumes de remixes) sin Toto. 

Adicta tuvo su período de mayor actividad durante la década del 2000 y mantuvo apariciones esporádicas durante la década pasada. En esta nueva etapa, los integrantes fijos de Adicta son Rudie y Maia; pero no son lxs únicos.

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“Rescato ese espíritu de colectivo de bandas consagradas como, por ejemplo, Massive Attack. Pero hay muchas bandas así. Son principalmente bandas de productores y yo me considero de esa línea. Siempre me consideré un productor que compone. Y si bien la banda mutó por algo particular, después siguió mutando por motus propio”, explica el músico, quien no se siente un solista para nada.

El álbum todavía no tiene un nombre definido. Sobre a qué sonarán estas nuevas canciones, Martínez arriesga: “Un sonido electro muy seco, muy synthwave aggiornado. Algo que nunca dejamos pero ahora se potenció al no tener guitarras ni bajos. Es electrónico casi puro si no fuera porque tenemos baterista. Un poco retro, un poco música disco, un sonido setentoso que me gusta muchísimo, respeto y admiro”.

Y sigue: “El otro día escuchábamos las maquetas y decíamos ‘creo que lo logramos, recuperamos ese sonido’, ese techno primitivo que todavía tenía instrumentistas como batero o bajista”.

“No cometamos más el error de juzgar al más joven”

Fiel a su espíritu de director de colectivo, Rudie es profesor de producción musical y de ensamble en una escuela de música, lo cual lo hace estar en permanente contacto con músiques muy jóvenes.

Y a él, que fue artífice de “lo moderno” y “lo incomprendido” veinte años atrás, lo que escuchan y hacen le encanta. Cita a la música urbana, el pop e incluso el rock que hacen las nuevas generaciones.

rudie martinez adictaRudie en el escenario con Adicta

“Hay cosas espectaculares”, afirma. “Hay gente que tiene mucho prejuicio. Es un espanto eso, pero te digo: hay bandas de los noventas que deberían aprender de estos chicos. Cantan increíble, producen increíble, suenan increíble, tienen una auto difusión espectacular, no necesitan sellos discográficos ni lamerle el orto a nadie… aprendan a respetar”.

Rudie mira al pasado con cariño y humor y al futuro con esperanza y fascinación. Admira a las nuevas estrellas de la música: “El Tiny Desk de Nicki Nicole es una obra maestra, Lil Killah hace una fusión entre el folklore, el hip hop y el trap… préstenle atención a cómo producen, cómo tocan, lxs músicxs que tienen, los videos que hacen. Es arte. Cuando salimos nosotros decían ‘¿Qué son estos, disfrazados y gays’ y éramos disfrazados y gays, así que estaba buenísimo, por fin alguien entendió [ríe]. No comentamos más el error de juzgar al más joven. Este país no va a crecer nunca así, anclado en el pasado. Yo no adhiero a nadie que esté orgulloso de ser un viejo choto”.

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En esa capacidad de ofender a los que vinieron antes, la generación del trap y Adicta se parecen. “Me gusta la rebelión, me gusta ser un poco subversivo en la música y que la gente que estuvo antes esté incómoda. Esa es una pulsión rockera, aunque la gente diga que esto ya no es rock”, dice.

“No estás haciendo música para dos generaciones, la estás haciendo para tu generación, y lo que digan los demás no importa. Y no estoy dando ningún consejo: no lo necesitan, están haciendo la música que disfrutan y que es una patada en los huevos para mucha gente y eso está muy bien”.

Y lo más gracioso es que, siendo en su mayoría chicxs recién salidos del secundario, son pocos lxs alumnos de Rudie que alguna vez escucharon Adicta.  “El 90% no. Y está muy bien eso, no tienen porqué saber el currículum del profe”, dice el músico.

“Creo que cada uno tiene su droga”

Siempre se relacionó con la noche y el reviente a la poética de Adicta (los nombres no vienen solos) y a su sonido herencia de los ochenta. Y Audioperú, el proyecto con el que Martínez se hizo conocido en los ‘90 y que por años coexistió con Adicta, lo presentó en su momento como uno de los primeros íconos ravers argentinos.

“Mi filosofía es la libertad absoluta. Desde el porro hasta la eutanasia”, asegura el productor, que si bien ya no está en su punto álgido de fiesta y consumos, los vivió de adentro.

Rudie no fuma -aunque se considera “absolutamente pro cannabis”- porque la faceta control freak le juega en contra: “Soy tan acelerado que ya estoy desde el principio pensando en cuándo se me va acabar el efecto. Pero esta es una casa cannábica”, cuenta, y afirma que tanto su marido como el 99.9% de sus amigos fuman marihuana. “Esta es una casa freestyle, digamos. El que tiene ganas hace lo que se le canta”.

“Yo creo que cada uno tiene su droga. Yo con el porro lo intenté y lo intenté varias veces pero mi mente resolvió que está mejor así”. Rudie se despierta antes de que suene el despertador, trabaja entre 10 y 12 horas por día y cuando llega a la casa se fija qué queda por hacer: la confusión inducida por el cannabis no lo ayuda para nada.

rudie martinez adictaRudie Martínez, Adicta

Para él, las drogas son una cuestión personal, que puede tener mucho potencial y que incluso son muy importantes a la hora de hablar de la historia de la música y del arte en general: “Yo a veces a mis alumnos les hablo de drogas. Imaginate que enseño música electrónica, a veces hablamos del origen de ciertas cosas y hay que hablar del éxtasis, por ejemplo”, ejemplifica.

“Antes de los 30 era más careta que la fotosíntesis”

Rudie dio sus primeros pasos en la rave en el año 93, haciendo música electrónica y pinchando. Luego llegó Audioperú. “Sabrás que es mi fuerte”, dice, consultado sobre la rave. “Me encanta. Ya no voy tanto porque creo que fui a demasiadas. Muchos años de tocar en Niceto todos los viernes, ya no lo puedo hacer más”, se ríe.

Rudie no se metió ninguna pastilla en la que fue la primera explosión del éxtasis en Buenos Aires, porque en ese entonces era, en sus palabras, “más careta que la fotosíntesis”. Recién probó las drogas sintéticas a los 30 años, más precisamente el día de año nuevo del 2000. Sus amigos le dijeron listo, ya basta y le dieron de todo: “Obviamente estuve como dos días de fiesta y me encantó”, se acuerda.

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Llegar a esa edad virgen de pastillas era toda una rareza dada la escena a la que pertenecía. El músico cuenta que pasó casi toda la década tocando en las enormes y ya legendarias fiestas de Parque Sarmiento a tracción agua mineral, sanguchitos y alfajores. 

“Terminaba a las 6 de la mañana, me iba a mi casa, me hacía un café con leche, me comía unas medialunas y me iba a dormir. Ni conectado con todo eso”, recuerda.

“Cuando saqué Peruvian, el disco de Audioperú de 1998, un periodista me preguntó si había tomado éxtasis alguna vez y cuando le dije que ‘no’ me mandó a tomar”, recuerda entre risas. “Y tardé como dos años más, pero cuando arranqué no paré: estuve del 2000 al 2003 poniéndomela jodido. Después ya paré otra vez”.

La última vez que tomó algo por el estilo fue el fin de semana anterior a la cuarentena obligatoria: fue al baño, unas personas le pidieron una foto y luego le convidaron un poquito de MD. Y la pasó bárbaro. “Pero ya no es habitual en mí. Tengo 53 años; no soy careta para nada pero ya tengo una vida muy ocupada y no puedo estar del orto”.

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Pero la experiencia con los sintéticos y la fiesta, asegura, sí que le cambió la vida para bien. Aunque le resulte un estilo de vida sostenible en el tiempo: “Con esto de ser muy acelerado, muy ansioso y muy analítico, me relajaba tanto que llegaba a pensar ‘la vida puede ser de otra manera, mirá, está bueno’. No dejaba de ser un pesado, pero pensaba ‘a la gente le chupa todo un huevo, ojalá pudiera ser así’ y por un tiempo lo intenté”.

“Vengan a la fiesta sin globos”

Comenzaron como incomprendidos. Luego contribuyeron a instalar el electropop oscuro, la melancolía y el culto a los ochentas, siempre desde los márgenes.  Hoy, nuevamente, la canción pop rock electrónica que hacen ya no está de moda.

¿Y cómo hace Adicta para seguir siendo clásico, retro y moderno a la vez?  Dice Rudie: “Las modas y los sonidos fluctúan y yo no veo ningún problema en eso. Estoy un poco harto del triunfalismo argentino, que si te va bien sos genial y si te va mal sos una mierda. La verdad que eso no es así, estamos nosotros para demostrarlo. La gente cree que nos va mal pero en su mente, porque a nosotros nos va genial. ¿No desbordamos lugares grandes, no estamos llenos de dinero? Esa será su visión del éxito. A la gente que piensa eso le digo hacete un par de discos clásicos como los nuestros y después hablamos. ¿Qué banda se sostiene sin haber sonado nunca en la radio, sin haber salido casi en la tele, sin tener una multinacional detrás, sin haber tocado en ningún festival, y que encima un disco de hace 22 años siga vendiéndose en una reedición?”.

El disco del que habla es Shh!, su primer álbum, relanzado por Beach House. Mientras tanto, pronto le tocará el turno a Miedo, el que les hizo asomar la cabeza a la gran rotación con hits como “Tu Mal”; “Así que a mí no me importa lo que hayan hecho otras bandas, y no me importa dónde vaya a estar parado mañana. Estoy vivo, haciendo nuevo material, muy ocupado, tengo amor, amigos y un gin tonic”, sigue Martínez, contento.

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E invita: “Vengan a la fiesta sin globos”. La cita es el 28 de mayo, horario trasnoche, en La Tangente. “Post doce de la noche. Volvemos al espíritu under porteño. Era necesario, ¿no? Estábamos todos un poco antirock”, celebra.

“Va a haber varios amigos invitados que no quiero adelantar quiénes porque es una sorpresa. Pero estamos armando un muy lindo show. Adicta cada tanto aprieta un botón de reboot pero las canciones siguen intactas. Y, bueno, viva la música”.

Fotos por De Leon

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‘La Persona Más Conocida del Barrio Antes Era Tévez y Ahora Es La Queen’: Una Entrevista a la Diva Drag de Fuerte Apache

Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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El entrevistado se presenta como Walter Javier y luego presenta a La Queen: “Es una superstar argentina, cantante, actriz, modelo, todo lo que quieras, a donde vas ella va”. Ella cobra vida cuando Walter, una marica de Fuerte Apache, se draguea. Y es una artista de éxito en el trap y la música urbana que hoy conquista el pop con su álbum Mi Mundo.

La Queen comenzó a gestar Mi Mundo a inicios de la pandemia. “Se llama así porque me dije: ‘si todo esto se va al choto, voy a hacer lo que quiero hacer yo, que es pop’”. Antes, La Queen hacía trap y le iba bien: su canción “Te Quiero”, junto a Emanero, perteneciente a su álbum Re Fuerte, de 2019, le había valido una nominación a la categoría “Mejor colaboración de música urbana” en los premios Carlos Gardel del 2020. 

“Yo sola puedo” fue el primer tema que lanzó en este registro de gran diva pop, y el público se volvió loco. El trap la ayudó para darse a conocer y forjar un público, pero el pop es la misión para la que La Queen llegó al mundo. “Yo soy artista, no hago música porque sí. Si lo que hago no lo sienten, esperen a que saque algo nuevo. La vida no es para complicarse: si no te vio nadie, trabajá en eso y la próxima te van a ver”, dice, con una determinación que es marca registrada.

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“Yo sé que soy una súper estrella, una cantante, una artissssta así con la ‘s’ arrastrada. Yo nací para la cámara.  Si sabés para dónde vas, la gente te empieza a seguir. Yo sé lo que quiero, y hacer un álbum pop en un mundo donde el trap y el reggaeton dominan fue una decisión”, cuenta. Presentó el álbum en Tecnópolis y fue un éxito: semanas después repetiría el show en el mismo lugar, esta vez en el escenario principal.

Nacida para ser la gran drag argentina

Walter tiene 24 años vividos con intensidad. La Queen existe desde el 8 de enero de 2019, día que lanzó al mundo su primer video.

La Queen nace a partir de una pregunta: ¿cómo puede ser que no haya una gran drag argentina? Walter no tuvo dudas: tenía que encarnarla él (¿ella?) mismo/a. Había vedettes y también drags en circuitos rave o rockeros, pero este joven artista identificó un lugar vacante, el de la popstar masiva. “Hay muchísimas drags, pero nadie realmente popular, no había como una Pablo Vittar para Brasil o Ru Paul para Estados Unidos, que es nuestra reina. Yo no podía entender que estuviera ese espacio vacío y nadie lo use”, explica.

El camino no fue fácil pero tampoco fue tan difícil como los relatos hegemónicos quieren hacer creer. La Queen no empezó bailando en fiestas ni haciendo perfos, por una cuestión que era a su vez práctica y de supervivencia. No venía desde un lugar sencillo para empezar a hacerse conocer. Se preguntaba ¿qué va a pasar si salgo montada acá en el barrio? Así que decidió empezar por las redes sociales. 

“Instagram fue mi ventana para que la gente me pueda conocer, y posta que estoy re agradecida”, dice quién se refiere a sí mismx alternadamente en femenino y masculino. 

Walter era muy consciente de las dificultades a las que se enfrentaba con esta misión: en sus palabras, un pibe puto de Fuerte Apache nunca había tenido acceso a las tendencias, ni hablar de un nutrido guardarropa o lo último en maquillaje importado. Empezó con nada. “Al principio, en vez de pelucas usaba pañuelos, porque no tenía plata. ¿Sabés lo que cuesta una peluca acá?”, se indigna entre risas.

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Hoy puede decir que lo logró y es referencia obligatoria a la hora de pensar drags argentinas. La Queen logró el que puede parecer el reconocimiento máximo para una artista de su tipo: fue convocada por World of Wonder de Warner Bros, la productora de Ru Paul, para el reality “Queen of the Universe”, un concurso de canto que reúne Drag Queens de todo el globo. Un sueño hecho realidad. Pero el contexto no acompaña y todavía no sabe si podrá hacer el casting. Y si no es para ésta, será para la próxima temporada. 

“Nunca pensé que esto iba a suceder cuando creé a La Queen”, se emociona Walter.

‘El amor del barrio siempre fue genial’

Con su historia, a Walter le parece importantísimo derribar el prejuicio sobre el ser una disidencia en un barrio pobre: él creció rodeado de amor, cariño y aceptación. 

“El amor del barrio siempre fue genial”, afirma el artista, quien fue adoptado por su familia cuando era un bebé. Por caso, su familia siempre le dio todo lo que estuvo a su alcance para que pueda ser feliz y auténticx. Walter no deja de agradecerles una y otra vez en el transcurso de la charla y le gustaría que su caso sirviera de ejemplo para que otras familias comiencen a apoyar a sus hijes, sean de la manera que sean. 

En mi casa siempre fue ‘acá te respetamos y queremos que seas feliz, no nos interesa otra cosa’ ¿Y por qué? Porque sabían en qué barrio vivimos. Yo me di cuenta de que vivía en el Fuerte Apache [enfatiza con las manos] a los nueve años, porque cuando iba al colegio o me movía por afuera y decía dónde vivía, me empezaban a mirar con una cara fea. Yo no entendía el trasfondo. Después me fui dando cuenta. Yo soy una disidencia en un barrio que ya es marginado de por sí. Entonces, soy una persona doblemente marginada”.

la queen

Hoy sigue viviendo en el Fuerte Apache y no tiene intenciones de dejar de hacerlo: “Yo crecí acá y tengo a todos mis amigos y mis vecinos de toda la vida. Cuando creé a La Queen y la mostré al mundo, nadie sabía que era yo y, después, no lo podían creer. Porque la persona más conocida del barrio antes era Tévez y ahora es La Queen”, se divierte. “Pasar de un extremo al otro, mover todas las estructuras completas. Porque yo soy un putón, un maricón, el LGBTIQ soy yo”.

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Y está orgullosx del cambio que siente que ayudó a construir. Hoy en día, el barrio es un lugar mucho más amable para aquellxs que no encajan en los estereotipos de género. “Antes estábamos súper invisibilizados en el barrio. No había ninguna representación del marica o del putón. Y ahora no te das una idea de la cantidad de maricas que hay acá”, dice con orgullo palpable. “Me han dicho en la calle ‘gracias a vos pude ser’. Y eso es impresionante”.

Lo glamourosa no le quita lo nacional y popular. La consciencia de clase y el agradecimiento son centrales en su mensaje. Walter asegura: recibir una computadora del plan Conectar Igualdad le cambió la vida. Así comenzó a hacer música. “Yo siempre voy a decir que la computadora me la dio Cristina, y que Cristina me ayudó a ser quién soy hoy”, dice. “Y gracias a eso yo encontré mi arte, gracias a esa netbook, que para algunos será una netbook de mierda pero para mí era una netbook de oro”. 

En ese momento, rememora, ni podía soñar con una computadora propia, sus xadres se mataban trabajando pero así y todo tenían lo justo para comer y se vestía todos los días igual porque no tenía opciones. Y revela: “Esa acción, esa política de estado, me abrió los ojos: yo puedo tener esto. Y fue mi puente a lo tecnológico, yo no tenía ni celular. Fue un cambio de vida”. 

Entonces trata de aquellxs que lo sigan puedan ver el privilegio que tienen: “Es muy importante ser agradecidx, siempre nos quejamos de todo”, dice.

Britney, Madonna, Kylie, Lali y La Queen

Al escuchar Mi Mundo, hay un tema que capta la atención en una primera escucha, y es porque es una trasposición libre y personal de “(You Drive Me) Crazy” de Britney Spears, el hit de 1999. Se llama “¿Dónde estás?” y que esta canción haya sido lanzada en tiempos de #FreeBritney, no es algo casual.  “Para mí, Britney es todo”, afirma. “La reina del pop latino es Raffaella Carra, punto número uno. La reina del pop – pop es Madonna. La reina del pop disco y electro es Kylie Minogue y su último álbum es el mejor. Y la princesa del pop hot, sensual, es Britney”.

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“Con el tema quiero darle un abrazo, que sepa que en Argentina la re bancamos”, explica el autor. Es una canción para un chico, pero el trasfondo se inspira en “(You Drive Me) Crazy” de una manera más profunda. Le suscita una reflexión sobre la situación que vivió Britney la última década, extendiéndola al mundo del espectáculo en general: “Tenemos que mover el avispero porque esto no sólo le pasa a Britney. A alguien nuestro, Paulo Londra, le pasó algo parecido. Eso es muy peligroso dentro del mundo del arte: unx piensa que dedicarse a la música es sentarse con una guitarra y un micrófono, pero no”, reflexiona.

“Probame” y “Me quiero ir” también están inspiradas en Britney. “Tenemos que ver y escuchar que el pop está volviendo”, dice. “Por ejemplo, lo nuevo de Lali. Yo lo que más quiero es que un artista pueda ser quién es. Y es obvio que ella es eso”.

‘Te podés chocar, te podés caer: pero hay que seguir adelante’

Walter Javier es una persona que toda su vida persiguió sus objetivos. Como artista que no viene de un lugar fácil, le interesa inspirar lo mismo en quienes le siguen: a formarse, a ir a por más.

“Yo siempre les digo, te doy un autógrafo, pero te lo firmo en el libro que estés leyendo o en un título… ¡estudien!”, dice riéndose pero en serio. Y cree que es un mensaje que los artistas más masivos, más pegadxs, deberían dar: “No veo a nadie que le diga a sus fans que estudien o que se enfoquen en sus carreras. Todos vivimos para nosotros, todo egocéntrico. Yo creo que siempre hay que dar un mensaje con lo que hacés”.

Walter se muestra como es en todos los aspectos de su vida y la autenticidad le parece lo primero. Eso por supuesto aplica a La Queen. “Yo sigo a muy poca gente, sólo me gustan lxs artistas que son fieles a sí mismxs”, sentencia.

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Con este álbum, el mensaje es que quiero que siempre sean fieles a lo que son. No importa cómo seas, no cambies para encajar. Hacé lo que sientas hacer y, obviamente, te vas a equivocar, todxs nos vamos a chocar con muros millones de veces. Eso parece que no se entiende hoy en día: te podés chocar, te podés caer, pero hay que seguir adelante. Ese es el mensaje con ‘Mi Mundo’: sé vos, sé quién quieras ser. Punto”.

Pero aunque es un proyecto artístico visceralmente honesto y el que lo representa por completo, La Queen y Walter no son la misma persona ni están tan mezcladas como puede parecer a simple vista. Walter es un auténtico workaholic y La Queen no le deja respiro.

¿Entonces, quién es quién?

Yo no me maquillo cuando estoy aburrido. La Queen es mi trabajo, yo soy una persona de negocios. Si yo voy por cinco pesos, me van a llamar por cinco pesos. ¡Y La Queen no va a ningún lado por cinco pesos! Ella es un personaje, es una superstar y hay que cuidarla. Y Walter soy yo en mi día a día, el productor de La Queen, es mucho más estricto que ella. La Queen sólo tiene que brillar y yo me preocupo de que salga todo perfecto, porque quiero que la gente que pagó una entrada se vaya sintiéndose que fue a Disney”.

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Andy Chango sobre Amigos, Drogas y la Hipocresía del Mundo Cannábico: ‘A mí me Aburre Soberanamente Hablar de Porro’

Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Si bien es un compositor, cantante y pianista con seis álbumes editados en solitario, un histórico colaborador de Andrés Calamaro y Ariel Rot, entre otros, y cuenta con una frondosa carrera musical desarrollada entre Argentina y España, Andy Chango es conocido por muchos primero por su personalidad, su elocuencia al hablar de consumos sin pelos en la lengua y su maradoniana precisión para construir frases instantáneamente icónicas. Así que no es extraño que hoy, a sus 51 años, esté muy cómodo en su reciente faceta de conductor de radio.

Andy, nacido Andrés Fejerman, pasó gran parte de su vida viviendo entre Buenos Aires y Madrid, donde nació su hija Martina, hoy con 19 años. En la actualidad, instalado de este lado del charco, tiene en Futurock una casa. Además de colaborar en el programa de Julia Mengolini, Segurola y Habana, está al frente de la Clínica Chango, un programa semanal que ya lleva un año de éxito, en el que explora tópicos que le resultan relevantes, muchas veces poco felices, con el desparpajo y el humor que lo caracterizan.

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Ahí hablo de lo que quiero. Los programas nunca son vacíos. Siempre son sobre algo que me preocupa, como el cambio climático o los laboratorios, algo para festejar como el alcohol u otras cosas, o algo de cultura que me interese difundir”, cuenta el rockero desde su casa. La idea, más que educar, es echar luz: “Sin hacerme el catedrático porque no lo soy, pero por ahí estoy en el medio de la gente que no lee y la que lee y puedo servir de puente”.

Hoy por hoy también trabaja en un nuevo programa que se relaciona con una sala de conciertos, el Café Berlín de Madrid. Una sala que considera como “su casa”, donde se junta con su grupo de amigos -en sus palabras, “los mejores músicos de jazz y flamenco que hay”- cuando está en la capital española.

El bar y sala de conciertos abrió una sucursal en Buenos Aires, con una presentación de Dante Spinetta, y Andy se está cargando al hombro todo lo que conlleva la apertura, que incluye eventos y el lanzamiento de este nuevo programa de radio, llamado precisamente ‘Casa Berlín’, con música en vivo de España y, también, de Argentina. 

“Llevo muchos años aislado y sin salir de noche, y me encanta que sea por una cuestión laboral volver a salir con los amigos y que, de paso, sea un trabajo. Porque salir a no hacer nada lo hice toda la vida”, reflexiona.

En lo que refiere a actividades como músico, hoy trabaja en la canción de créditos para una película española. También se puso a grabar con su amigo Mariano Otero. “Esa suerte que tengo de siempre poder estar con músicos buenos alrededor”, dice. En el marco de Casa Berlin, van a armar un concierto navideño entre amigos; configurando una suerte de crossover entre Futurock y el bar, aquellxs socies de la comunidad de la radio tendrán beneficios para poder asistir a estos eventos.

“Yo lo quiero hacer para divertirme, no tengo ningún disco que presentar ni ningún afán artístico, es para festejar con mis amiguitos”, sentencia con una sonrisa.

Recientemente, tocó en el gran festejo por el cumpleaños de Charly García que se celebró en el Centro Cultural Kirchner. “Esa plata me la voy a gastar en el día en una sola cosa porque es dinero mal ganado. ¿Cómo voy a cobrar por ir a cantar ‘Mr. Jones’ con Samalea, el Zorrito y María Eva? Uno pagaría por hacer esas cosas. Es un acto de amor”.

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Siempre que puede, Chango menciona a los amigos. Es un amiguero nato. ¿Cuál es su plan de amigos ideal? “Que no vengan, que estoy muy tranquilo”, ríe. “Me gusta verlos de a uno. En situaciones sociales me pongo muy eufórico y termino siendo un personaje siempre. Entonces, disfruto más la pequeña reunión, dos amigos y les doy de comer súper rico. O un amigo, estar dos días juntos, prender un fuego, charlar y jugar al tenis”.

Leer, ver, escuchar, fumar

El porro, dice, lo ayuda todos los días de su vida. “Yo tengo un trastorno de ansiedad clarísimo desde los 13 años, y el porro me permite estar más tranquilo, comer más y dormir mejor”, explica. Los porros diurnos tiene que regularlos, dice, porque si fuera por él, es capaz de quedarse todo el día fumado en la cama, leyendo y mirando películas.

Estar un poco loco es, a esta altura, un estado natural. Le resulta más fácil identificar los momentos de particular sobriedad. Fumado le gusta ir a hacer compras en la moto y saludar a los chicos del pueblo cercano a la quinta donde vive, paseando al sol. También, jugar al tenis que, según dice, “voy más relajado y me gustan más los colorcitos de la pelota, la tierra, los árboles. Me concentro más en el exterior que en el partido”. Y para ver cine es crucial. “Ya sin porro no me gustan, salvo que sea LA película”, dice; y va más allá: “De todo el cine, entre Truffaut, Wim Wenders, todo el cine argentino, si tuviera que elegir una película sola sería ver por primera vez Harry Potter 2”.

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Es un gran lector. Como con todo, en los libros se mete de lleno: “Nunca pude poner pausa cuando estoy metido en una historia”, dice. En este momento, como si fuera una metáfora de la vida misma, disfruta de pequeños fragmentos de los libros. De joven tenía mucha ansiedad por llegar al final, pero hoy un libro bien escrito le parece disfrutable desde la tercera página. “Empiezo a notar que no me gustan tanto los finales literariamente, son un error forzado, en la mayoría de las novelas no deberían existir. Porque condicionan un montón de acontecimientos que por ahí terminan siendo lo menos creíble del libro y con una prisa innecesaria cuando estamos todos adentro de un mundo”, dice.

Hace poco releyó El Banquete de Platón y quedó fascinado. “La pasé bomba viendo cómo los griegos se juntaban a chupar vino hace dos mil años”.

¿Y qué música escucha? Hoy en día, dice, no demasiada. Se reconoce como fan del silencio. Pero al hablar de música y porro, menciona algo que a simple vista parece una obviedad: Bob Marley. “Se nota el porro que se fumó el cuando cantaba, y te pega a vos cuando lo escuchás. Es como un porro transitivo que hace un viajecito en el tiempo y cuando lo escucho tengo la sensación de que estoy fumando el mismo porro que él. Siento que iba tirando el humo a través del micrófono, va a través del cable y termina saliendo por el parlante”.

Liberen a los presos por plantar

Cuando Andy Chango habla de drogas, el decorado se calla. Y él tiene muy en claro que al hablar de marihuana como persona pública no es todo risas, paseos y Harry Potter.

Chango no se siente para nada identificado con la forma adquirida por la supuesta militancia cannábica hoy por hoy, y le genera mucho rechazo la hipocresía que hay detrás de la fiebre por la marihuana que está expandiéndose a nivel mundial.

Pero no siempre fue así: el músico identifica que fue un acérrimo militante cannábico cuando llegó a España, en el año 1997. Estaba muy cerca de la revista Cáñamo, de Barcelona. “Ahí noté que se tomaban todo tipo de sustancias habidas y por haber, y con gran sabiduría, pero en lo público sólo se defendía a la marihuana”, cuenta.

“Hace años que vengo notando que la lucha de la marihuana está excluyendo a las otras drogas”.

En España comenzó a ver cómo crecía la industria mientras no se modificaban las leyes y cómo las cárceles estaban llenas de pichis. “Con respecto al porro, pasaron mil años, es un país que pasó por gobiernos muy progres, e igualmente nunca se legalizó nada ni se mejoró ninguna condición”, describe.

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Con esto en mente, cuando volvió al país hace diez años anunció a sus amigos cannábicos que se retiraba de la lucha. En principio porque ya estaba muy extendida y no necesitaba de él como sí tal vez las luchas por la normalización de otras drogas. Ya era una lucha ganada, aunque fuera por intereses comerciales estadounidenses disfrazados de salud y progresismo.

“Todo lo que pasa con las drogas en el mundo es porque Estados Unidos quiere”, se lamenta Andy Chango con cinismo. “Mis amigos del periodismo cannábico terminaron todos peleados, porque algunos se dedicaron full al negocio, gente que militó toda la vida terminó vendiendo productos, otros les decían ‘caretas’, y así”.

“Mi lucha era la de las ideologías”, cuenta. Y trae a colación una anécdota reciente: en la última ExpoCannabis, Chango se unió a los Presos por Plantar y llevaron su reclamo a las puertas de La Rural.

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“Tuve que ir a manifestarme con los presos, sin poder creer que en ese antro de Videla que todavía tiene un llamado Salón Martínez de Hoz hagan ese evento sin considerar que ningún porcentaje de la entrada vaya para los que todavía están presos por plantar, sin que nadie adentro del gran bussiness diga ‘che, ya que tenemos guita para alquilar La Rural y vendemos aceite a precio astronómico, ¿por qué no les giramos unos mangos a los compañeros que siguen presos?’. En muchos casos son gente de afuera que vienen y absorben a un montón de cultivadores ¡y luchadores! de acá”, se indigna.

Andy Chango tiene su carnet de Reprocann. Un oyente de Clínica Chango con un amigo preso lo contactó, y ahí cayó en cuenta de la injusticia. “Este chico está preso por tener tres plantas y yo tengo permiso para plantar nueve”, se dijo.

Ese fue el puntapié que necesitaba para volver a hablar de cannabis. “A mí me aburre soberanamente hablar de porro. Es obvio que hace bien y todo lo que se dice. Hace cuarenta años que consumo y ya discutí con todo tipo de perejiles. Ya la ciencia apoya y el negocio apoya. Como luchas a mí me gustan más heavies, más imposibles, esta es una batallada ganada. Pero la lucha de los presos sí, porque es un atropello a la razón, y porque estar un solo día preso es una pesadilla que nadie imagina”.

Y sigue: “Cualquier movilización que no incluya a lxs presxs no me interesa porque me parece un error logístico e ideológico”.

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Está inscripto y claramente está a favor, pero igualmente tiene sus dudas sobre la idoneidad del sistema Reprocann. “Se va a ir a pique la salud mental mundial porque van a haber veinte millones de certificados pagos de gente supuestamente enferma. En vez de legalizar lo lúdico inventan esta payasada. Por cinco lucas te diagnostican lo que quieras. Aparte, ¿qué argentino no tiene ansiedad, depresión o insomnio?”, reflexiona.

La lucha está en las mentes

A su parecer, todas las drogas deberían ser legales, pero su gran lucha al cabo no es por ninguna droga sino por las libertades individuales. Pero, aclara, sin que eso implique la libertad de los aristócratas. “Todo siempre partiendo de una justicia social, que no existe ni va a existir nunca. Sé que el tema de las libertades individuales siempre va a ser relativo porque con guita podés hacer lo que se te canta el orto. La libertad y el poder van de la mano, pero el que tiene poder también es esclavo del poder, por suerte, porque sino serían felices, los hijos de puta”.

Pero no es tan simple tampoco. Andy Chango es nihilista ante la humanidad entera y no confía ni en sí mismo.  “Mi lucha es por defender siempre lo que pienso y lo que soy más allá de las leyes, porque no creo en las leyes. No creo ni en la estructura mental que tengo, creo que viene de una cultura que es chota y que nos la meten en la cabeza de chicos, todos los seres humanos venimos fallados, y hay que reiniciar y empezar de cero cuanto antes. Todo lo que rige nuestra conducta me parece cuestionable”.

Sin ponerse en extremo radical, constantemente intenta deconstruir estos mandatos. Dejar atrás viejos vicios de conducta: “A veces veo fútbol a escondidas y, por supuesto, no lo pago. Pero entiendo que es un vicio privado que hay que defenestrar. También intento bajar el ego, o cortar con la sexualidad mal entendida, esos vicios de rockero que tuve cuando tenía 20, esa idea de que hay que coger mucho… por ahí no tenía ni ganas, o para coger estaba manipulando gente, son cosas que ahora intento atenuar. Al menos saber donde soy choto y tratar de serlo lo menos posible”, reflexiona.

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La incorrección, siempre lúcida y enfrentando al poder, es su marca registrada. Así fue siempre su discurso en lo que a drogas refiere: es, conscientemente o no, un vocero de aquellxs que usan drogas porque quieren y porque les gusta desde hace muchos años, mucho antes de que el discurso de la tolerancia y la reducción de daños estuvieran extendidos. 

Su postura es sabida: que cada unx haga lo que quiera, todo tiene su potencial si es usado a consciencia. Entonces, ¿existe alguna droga que sea inherentemente mala para Andy Chango?

El glosario Chango de sustancias

“No creo que haya cosas buenas y malas. Creo en las cosas que existen y en las que no. Por ejemplo, Dios no existe y las drogas sí existen. Entonces, el que las quiera usar que las use, porque acá están”, responde.

A propósito de los aportes que hicieron las sustancias a su vida, Chango asegura que a todas tiene algo para reconocerle.

Primero habla del alcohol: le aportó desinhibición. “A los 14 años era un pibe totalmente tímido que había vivido la infancia en dictadura. El alcohol me abrió las primeras puertas a la sociabilización y a los besos en la boca”, elabora.

Sobre la cocaína tiene una postura interesante y muy de insider. Su experiencia se remonta a los ‘80 y ‘90, auge del rock y también de la sustancia. “La coca me abrió muchas amistades sociales y muchos amigos músicos de rock, fue un punto de unión muy fuerte en los ‘90. Estaba muy satanizada y, para los amigos, ser del club de los que tomaban, unía mucho: así como después me quitó muchos amigos. En mi experiencia cuando pasas muchos años tomando mucha coca con muchos amigos después te quedás sin ninguno. Uno se va poniendo más rayado, se va enojando por boludeces, te terminás sintiendo traicionado o traicionás”, cuenta. Sí le resultó muy estimulante cuando se embarcó a escribir un libro: “Concentrarte en una actividad intelectual en una dosis justa puede ser muy útil, aunque después dañina para el sistema nervioso”, cuenta.

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Con respecto a las plantas sagradas, cuenta que hace poco menos de dos décadas estuvo un mes y pico tomando ayahuasca día por medio, en el Amazonas, como parte de una internación para rehabilitarse de otros consumos. Ese proceso fue transformador: le perdió el asco a los insectos, empezó a relacionarse de otra manera con las plantas y nunca más pudo volver a vivir en una ciudad. “Me trajo consecuencias concretas en mis decisiones posteriores”, dice. Esa internación se la pagó SADAIC, poco después del nacimiento de Martina. Lo hicieron dejar el alcohol, el tabaco, la cocaína y las pastillas en seco: pero le daban una bandejita con porro por día y ayahuasca cada dos.

“Si tengo que hablar mal de una droga, que lamentablemente todavía consumo pero en dosis mínimas, son las benzodiacepinas [en su caso, Rivotril]. Es lo más adictivo que conocí en mi vida. Nada me causó la abstinencia que me causó eso”. Y agrega: “Curiosamente, solo sigo enganchado a las únicas dos drogas a las que estoy en contra, el tabaco y las benzodiacepinas. Todas las demás las uso cuando quiero”.

Siempre tuvo problemas de insomnio: lo combate con porro, la dosis mínima de benzodiacepinas y películas infantiles. “Obvio que me tengo que fumar tres caños y tomar el medio rivo para disfrutar de Kung Fu Panda”, se ríe, “pero una vez que estoy ahí me copa”.

Por caso, las conocidas como drogas de diseño también le merecen una opinión.

Cuenta que probó el éxtasis en el ‘96, antes de irse a España, unas pastillas traídas de San Francisco que les conseguía un gran amigo hoy fallecido. Por estos días, no consume prácticamente drogas químicas. “Solo cuando estoy en el momento y lugar muy indicado meto el dedito y doy una chupadita, pero es un uso totalmente de señora, de tía abuela”, dice entre risas. “Yo soy terriblemente eufórico y a los 20 o 30 tenía una fuerza inusitada para estar re high a la noche y hecho mierda a la mañana y salir adelante. Ahora no la tengo. Y el día siguiente a los químicos es un mal día. El día siguiente al porro y vino tinto, sea la cantidad que sea, es un buen día”.

Fotos de cortesía

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‘Lo Único Constante es la Transformación’: Sobre Sanar y Crearse a Sí Misma, Hongos Mágicos y Redes de Mujeres con Dignity

Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Calu Rivero, hoy identificada como “Dignity”, conversa desde Argentina. Al momento de esta entrevista estaba en Buenos Aires. Hoy se encuentra viajando por su norte argentino natal. La actriz, modelo y experimentadora, como reza su bio de Instagram, sentía la pulsión en el cuerpo de ir a visitar a su abuela a su ciudad de origen: Recreo, en Catamarca. “Tengo ganas de volver a vivir mi pueblo como pueblo” cuenta Rivero. “Quiero estar, por lo menos, cuatro días y vivir todo: la siesta y la charla abajo del árbol”.

Y no, la siesta y la charla bajo el árbol no son parte de la cotidianeidad de Rivero hace casi una década. Aunque desde el Covid-19 algo cambió. Luego de años instalada en Nueva York, la pandemia la llevó a abandonar momentáneamente esa ciudad y hacer base en José Ignacio, Uruguay. “Había una urgencia de naturaleza y también de raíces, de reconectar con mi cultura”, explica. Su plan de vida, a partir de ahora, es hacer base en Corazonada, José Ignacio, y desde ahí moverse, teniendo la posibilidad de visitar su país más seguido y con menos esfuerzo.

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“Hacer planes ahora es muy distinto”, dice sobre la vida nómade en épocas de Covid-19. “Pero está bueno. Nos hace pensar mucho más en la forma en que nos queremos mover y hacia dónde”.

Hacía mucho que no pasaba tanto tiempo en Argentina y que se permitía descansar, compartir con sus seres queridos, frenar un poco y simplemente disfrutar del no hacer nada. Pero hace ya bastante tiempo que la actriz viene transitando este camino hacia la lentitud, hacia el disfrute y contra el acelere. No es por nada que hace muchísimo que no escuchamos nada de ella. Dignity no da notas ni se dirige directa ni abiertamente a la prensa hace tiempo. Tampoco se la pudo ver en ninguna serie, campaña publicitaria o acción comercial de alta rotación, al menos en el país.

“Ahora pienso en todas las cosas que hacíamos antes y no entiendo. No había posibilidad de escucha, de disfrute, era viajar todo el tiempo, ir de evento en evento, de reunión en reunión. Hoy me puse en el rol de experimentadora con mi propia vida”, cuenta.

Entonces, ¿en qué anda hoy Calu Rivero?

Dignidad Rebelde

Dignity, nacida Carla Rivero en 1987, se hizo conocida como it girl, cuando la palabra influencer todavía no existía y las redes sociales se limitaban a Facebook. Luego desarrolló una carrera como modelo, actriz y DJ. Tuvo varios éxitos como fueron Patito Feo, El Elegido y Dulce Amor, de la cual se bajó en el medio de una situación muy tortuosa que la vulneró como persona y que la llevó a alejarse de la actuación, su gran pasión. Su vida privada también siempre estuvo en boca de todos, pero en ese momento dijo “basta”. Fue así cómo, hace ya varios años, se mudó al exterior, bajó el perfil notablemente y se volcó a una vida centrada en la humanidad.

La actriz anunció su cambio de nombre artístico hace dos años. Y, recientemente, una de las pocas noticias que la incluyeron, se viralizó en las redes sociales una supuesta oficialización, en donde se veía la firma “Dignity” en su DNI.

Ella desmiente esa información; no tramitó el cambio de nombre, simplemente firmó como Dignity en su DNI uruguayo.

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“Pedí firmar como Dignity, di mis razones racionales [ríe] y me dejaron. Fue un momento muy lindo. Siento que son como actos psicomágicos a través de los que una se puede ir creando. Necesitaba crear una nueva persona y había algo que estaba aflorando y quería vivirlo. Y nada más lindo que poder permitirse en vida una transformación. El cambio es lo único constante en la vida”, reflexiona.

¿Y por qué Dignity?

Fue una palabra que le resonaba constantemente cuando comenzó a recoger los pedazos para construir quien quería ser de ahí en más. Hubo varios disparadores: hablar sobre ser dignos, dice, es algo que se escuchaba mucho en su casa cuando era pequeña. Y cuando decidió irse de Dulce Amor, quedándose sin trabajo, su psicólogo le dijo: “Te fuiste porque tu dignidad dijo ‘hasta acá’”.

Y un día, en Nueva York, se acercó a un centro de investigación que funcionaba de manera voluntaria, a partir de donaciones. Se quedó horas leyendo y en una hoja adentro de un libro, encontró un manuscrito: “Rebel Dignity”. Ahí, cuenta, su cuerpo se acordó de todo. Ese fue el momento en que Dignity apareció, primero como un juego y luego como la identidad que siente más auténtica.

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“Estaba en otro país, así que era más fácil. Nadie me preguntaba por qué me cambié el nombre. Eso me gustó y lo que sentí fue otra vibración, me hacía sentir más liviana”, cuenta. “Todo termina siendo algo mayor. La dignidad personal, que está íntimamente relacionada al ‘no es no’. Una dignidad superior. Yo sigo investigando a Dignity, la sigo habitando a consciencia”.

El laboratorio de Dignity

Hoy el rol de experimentadora es el que más la representa. Pero, ¿qué significa eso?

“En un momento quería saber todo ya y demostrar que sabía todo, y después entendí que una aprende de la vida a medida que la va atravesando. Entonces, siento que nada más lindo que eso: permitirse experimentar. Yo hoy, por ejemplo, experimento mucho con los vínculos: nadie nos enseñó a vincularnos bien con nuestros xadres, con nuestros hermanxs, con otras mujeres. También experimento conmigo misma: me quedo dos días en silencio, o con la psilocibina. Llego a conocimientos nuevos a través del permitirme experimentar”, desarrolla.

Alejarse de lo público fue algo que Rivero habilitó gracias a esta experimentación consigo misma que tanto menciona. Permitirse cosas que antes le parecían impensables. “¿Qué es lo que realmente quiero? ¿Qué tengo adentro? Me permití esas pausas sin miedo, porque también hay toda una mentira alrededor de que si frenás un poco todo se cae. Pero yo me priorizo, y priorizo el disfrute”.

Dignity decidió tomarse un tiempo para entender qué era lo que le molestaba de la sobreexposición.“Tuve una necesidad de trascender mi yo”, explica.

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Se cansó de que su profesión fuese un constante mostrar, de trabajar de ser una imagen de sí misma, de tener que devolver como espejo lo que exigían las expectativas ajenas. Que se metieran en su vida personal, en sus decisiones privadas. “Se me hizo muy normal estar constantemente esperando la aprobación del otro. Entonces dije: ‘voy a dar las notas para mí, en las redes voy a ser yo misma’. Me cansé de sentir que todo el tiempo tenía que estar proclamando y definiéndome. Necesité parar para entender qué batalla quería dar”.

“Creo que no es un momento ni para definirse ni para generar desunión. La igualdad está en la desigualdad, no somos todos iguales: lo único que unifica es el amor”, declara.

Hongos mágicos

Dignity cree que la normalización de la psilocibina es “inminente”. “El alcohol es una droga y vos podés contar que te tomaste una copa de vino, o que te emborrachaste, y está todo bien. Y hay otras drogas que son mágicas”, dice, refiriéndose a los hongos. Los probó hace algunos años con fines recreativos, pero el asombro real llegó al consumirlos con objetivos de research, como parte de esta etapa de experimentación hacia adentro. “Algo que te ayuda a ver que está adentro, que está en tu inconsciente, es wow. Nuevamente, otra manera de experimentar tu propia presencia acá”.

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Los hongos la ayudaron a poder ver con claridad: Dignity considera que la ayudaron a ser consciente del conocimiento ancestral que arrastraba desde generaciones pasadas. “Y para mi información es poder. Conectar con lo ancestral pero permitir que te sorprenda, y ver que hacer con eso. Creo que el ejercicio más importante que estoy haciendo ahora: poder avanzar sin poner mi propia opinión o juicio. Es el trabajo más difícil, ser honesta con una misma, alejándose de la culpa o de la lástima ”.

Así llegó a una experiencia trascendental que hoy le marca el camino: “Gracias a la psilocibina, entre otras cosas, empecé a entender mi propio vínculo con el ser mujer. ¿Por qué hay cosas que son tan claras, que nos pasan por el cuerpo y ni dudamos?”, se pregunta Dignity.

Cuestión de hábitos

Palabras que aparecen constantemente conversando con Rivero: experimentación, research (investigación, búsqueda), sanar, ser mujer y lado femenino. Estas preguntas y estos conceptos son los que marcan la actualidad de la actriz: sus proyectos, sus elecciones y sus hábitos.

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Todas las mañanas, Dignity escribe sus páginas matutinas. Una práctica similar a la de seguir un diario íntimo, donde se vuelcan al papel los primeros pensamientos que asaltan al despertar, sin ningún tipo de filtro, juicio o voluntad de ser leídos por nadie que no sea unx mismx. “Empezás a entender qué tenés adentro y a ser honesta con vos misma”, dice sobre esta práctica.

Las páginas matutinas la ayudan en este camino de mirar hacia adentro, combatiendo el miedo y sacudiéndose de encima los prejuicios. La meditación también la acompaña en su vida cotidiana.

Dignity cuenta que, al principio de esta jornada espiritual, pasó por una etapa de muchos rituales: levantarse a las 5 de la mañana, agradecer al sol, meterse al agua. Hoy intenta simplemente vivir prestando atención plena (mindfullness) hasta las cosas más pequeñas, sea pasar un rato con los seres queridos o mirar el techo: estar presente en el momento.

“La atención plena me cambió la vida”, explica la actriz sobre esta técnica que básicamente propone un enfoque meditativo ante la vida: concentración y foco en el aquí y ahora, sea la actividad que sea.

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“Hoy hay muchas herramientas para que tengamos una vida más de autor, más artesanal”, reflexiona. “Se puede meditar, hacer respiraciones, comer mejor, leer, escuchar podcasts, ir a grupos… hay que encontrar lo que a cada una le hace mejor. Lo más importante es vivir plenamente. Nos olvidamos de la importancia de sentir goce en el cuerpo, y el cuerpo está diseñado para gozar”.

Desde ya que la artista sabe que goza de privilegios que la mayoría de las personas carecen y para poder desarrollar una vida espiritual primero es necesario tener las necesidades materiales cubiertas. Pero hay en Dignity, quien podría continuar viviendo una vida jetsetera de exposición y acumulación permanente, una voluntad de aflojar al materialismo y la superficialidad, conectar con lo simple y poner el foco en el propio cuerpo, en la vida interior y en la ayuda a otrxs.

Obviamente que la moda sigue siendo parte de su vida, y le encanta. Pero hoy se relaciona con la misma de otra manera. “Hace años que voy hacia una elección mucho más noble de lo que consumo, de los materiales, saber de dónde viene la prenda, dónde está hecha. Valoro muchísimo lo artesanal. Eso también tiene que ver con la dignidad personal en todo sentido”, explica. “La moda es parte de mí, me encanta y comunico mucho con lo que me pongo. Pero hace un tiempo que las prendas acompañen mi sentir y lo que quiero contar más que seguir modas”.

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Y en esta revolución de los hábitos, está intentando ejercitar la escucha. “Pensamos que escuchamos, pero no. Y conversar en vez de convencer. Es difícil, no querer imponer una postura. Peregrinas me ayudó mucho a ver que hay tantas maneras de ver la vida que no siempre tenés que dar una opinión: tal vez toca escuchar, tal vez toca el silencio. No siempre hay que meter el juicio de una y la opinión de una”.

Peregrinas 5.0

Si bien todavía trabaja con diseñadores y sigue volcada a lo artístico, Peregrinas es el proyecto en el que deja alma y corazón. Según cuenta Dignity, comenzó a gestarse como una sensación en el cuerpo dos años atrás. “Me gusta cuando las palabras se habitan: ‘nos tenemos’, ‘estoy para vos’, ‘te escucho, hermana’, son hermosas frases y cuando les ponés el cuerpo pasan cosas muy lindas”, dice. Surge de una necesidad interna de sanar y de amigarse con la feminidad, explica alguien que vivió por años de su imagen y cuya vida sentimental y amorosa siempre fue sujeto de escrutinio, de maneras no necesariamente felices. Esta necesidad de sanación no es casual.

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Me gusta ese concepto de citizen science (ciencia ciudadana). Está la academia, pero también está lo que pasa en la calle, lo que vos viviste y me lo contás, y yo sano con tu experiencia”, explica.

Cris Schwander, cordobesa y fundadora de la Universidad Siglo XXI fue su referente e inspiración. Junto a ella armaron el primer grupo de Peregrinas. “Yo hoy diría que Peregrinas es un movimiento”, dice Rivero. “Me encanta la palabra. Las peregrinas van en un camino y el único camino es hacia adentro”.

Hoy tiene forma de encuentros online, pero pronto se convertirá en un taller presencial. También darán conferencias. La idea es que, al igual que esta energía con la que buscan conectar, las formas que tome este movimiento vayan mutando y adaptándose a los requerimientos del momento. “La idea es conectar con esta energía femenina. Desde la información -Cris Schwander es académica, aclara Rivero- pero también desde el cuerpo”.

También ofrecen acompañamiento y consejo en cuestiones de alimentación, de hábitos, de ejercicios y de, precisamente, experimentación. No llama la atención que Calu, la experimentadora, esté a cargo de un área llamada ‘Mi cuerpo, mi laboratorio’. Pero más allá de estas cuestiones más técnicas, y si se quiere, de especialidad, Rivero destaca el gran quid de la cuestión: la empatía y la comunidad. “Al final lo que pasa con Peregrinas es que nos damos cuenta de que ‘¡hermana, nos pasa lo mismo, pero nadie habla!’”.

Otros proyectos en los que hoy trabaja son un podcast sobre estas temáticas y un documental que está escribiendo. “Todo lo tomo como un research. Es impresionante todo lo que estoy aprendiendo sobre mí, sobre el ser mujer, sobre el cuerpo”, dice.

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El documental será en primera persona y tendrá que ver con su búsqueda personal. “Soy muy autodidacta, me auto curo, me gusta mucho el ‘Elige tu propia aventura’, así que este documental tiene mucho que ver con esa mirada sobre la vida. Tiene que ver con lo que soy, con todas las preguntas que me hago y que me parece importante exponer”.

El 25 de octubre comienza un nuevo ciclo de Peregrinas donde harán hincapié en técnicas de bioenergética y TRE (trauma realase excersises – ejercicios para liberar el trauma) y Dignity invita con entusiasmo a sumarse. “Todas y todos tenemos esta llama y este hambre que nos conecta con el que sentimos que es nuestro propósito. Pero somos energía y, como toda energía, a veces se apaga. Las personas tenemos la obligación de encender esa llama en los otros”.

El objetivo es que Peregrinas crezca y que no sea sólo para mujeres, sino para cualquier persona que busque conectar con su energía femenina. “Mi papel como feminista no es pelear en contra del hombre o competir con él. Eso es fácil e improductivo. Mi papel sí es vivir plenamente como mujer, disfrutando todo y no teniendo que cancelar nada de lo que soy para encajar en un sistema”.

Fotos de cortesía.

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Esoterismo, Ciencias Sociales y Plantas Mágicas con Lu Gaitán

Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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“No sé bien cómo pasó” es lo primero que dice Lu Gaitán, porteña, licenciada en ciencia política, astróloga, creadora de contenido y autora de dos libros, al ser consultada sobre cómo llegó al lugar en donde está.

Hoy es una de las principales divulgadoras -y una de las figuras más queridas por la comunidad- de una astrología que busca correr el foco de lo individual para centrarse en la conexión de los seres humanos entre sí, con su tiempo y con la naturaleza, con un lenguaje simple y sin pretensiones, descartando predicciones, fórmulas mágicas y estéticas brujeriles artificiosas. Una astrología “con los pies en la tierra”.

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Su background en ciencias sociales la convierte en un personaje muy particular dentro del mapa esotérico: condición que la hizo ganar la simpatía y el respeto de muchas personas que no se interesaban previamente del lenguaje astrológico por su condición de mágico y arbitrario.

Pero, obviamente, no está exenta de críticas y cuestionamientos, a los que ella intenta responder desde su visión integradora. Para ella, mirar el mundo a través de un cristal astrológico de ninguna manera significa negar cómo las condiciones materiales son aquellas que moldean la existencia humana. Tiene más que ver con darles un marco.

Gaitán es también una eterna aprendiz: es estudiosa y una acérrima defensora de las plantas sagradas y medicinales. Y hoy en día está formándose en filosofía junto al profesor Pablo Farneda.

Desde su visión multidisciplinaria, esta joven estrella de la astrología tiene mucho para reflexionar sobre las grandes luchas de nuestro tiempo, sobre nuestra relación -tanto personal como social- con las sustancias psicoactivas, sobre los aparatos de producción de conocimiento, religión y sobre la permanente tensión que significa vivir con un pie en la Tierra y otro en el cielo.

El viaje astral de Lu Gaitán

Gaitán, hoy con 35 años que aparentan ser varios menos, entró a la astrología de lleno cuando corría el año 2009 y estaba terminando la carrera de ciencia política. 

Atravesaba un período de crisis: salía de una relación de pareja abusiva, y corría un contexto sociopolítico en donde le costaba encontrar lugar para llevar sus intereses por la carrera que había estudiado a un plano laboral. Le interesaban la filosofía política y la ecología: dos ramas que pocas implicancias prácticas tenían en aquel entonces.

Buscando respuestas comenzó un proceso terapéutico con un astrólogo que también es sociólogo, y que le hizo conocer la disciplina desde otro lugar. Al conectar con esa astrología (según la llama ella) más power, decidió comenzar a estudiarla y tomársela enserio. 

Ese fue el primer paso de su recorrido esotérico, que la llevó a practicar yoga, interesarse por otros lenguajes y prácticas ancestrales y cambiar su alimentación a una vegana.

Allá por 2015, entre #NiunaMenos y los reclamos por el aborto legal, Gaitán comenzó su proceso de reencuentro con las ciencias sociales. Finalmente la sociedad reclamaba por una política que incluyera esas cuestiones que siempre la habían interpelado.

“Ahí empecé a ensayar algún tipo de síntesis entre estas dos búsquedas, pero fue un recorrido bastante largo con varios momentos muy incómodos”, cuenta. Y no es de extrañar viniendo de un ecosistema académico tradicional que, a priori, rechaza paradigmáticamente a la astrología como campo de conocimiento válido. En su momento, sus amigues, la mayoría de ese palo, estaban completamente desconcertadxs: pensaban que estaba loca.

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Empezó subiendo contenido astrológico a Facebook allá por 2016, luego se mudó a instagram y afinó su propuesta: astrología, feminismo, ambientalismo y conciencia social. “Me ayudó mucho, pero también no, porque perdí muchos seguidores, al ponerme a hablar de feminismo y procesos colectivos”, ríe. 

Luego llegaron lxs seguidores, dos libros editados por Editorial Planeta (Alumbra la Luna y Asuntos de Venus) y los podcasts, que acompañaron a innumerables oyentes en pandemia, “Bruji Pop” y “Lucía y sus Gemelas”.

Magia ¿versus? ciencia

Al fin y al cabo, la motivación detrás de estudiar ciencias sociales o astrología puede no ser tan distinta: las preguntas por el ser, el inconformismo, una necesidad de comprender por qué hacemos lo que hacemos y porqué pasa lo que pasa. ¿Pero cómo coexisten estas miradas?  

La pretensión de que ambas se excluyen mutuamente parte del asumir que la astrología se pretende ciencia o de querer encajar su lenguaje dentro del método científico. Y no es así.  “En astrología estamos pivoteando entre identificar lo común, definir estereotipos y, además, lo absolutamente disruptivo. Por eso la astrología no es ciencia”, asegura Gaitán. 

“Pero es interesante ver cómo la ven otras culturas. Por ejemplo, en India es ciencia. Y para muchas culturas ancestrales también, estaba muy ligada a la astronomía. Pero dentro de nuestro marco actual no podemos definirla así. Me parece que es correcto, según el tipo de respuestas que puede darnos, pensarla como un lenguaje simbólico o como un arte interpretativo”.

La astróloga no cree necesario aclarar que abraza el discurso científico. Hoy en día, “esoterismo versus ciencia” le parece una grieta innecesaria “entre tantas otras que tenemos”. Y asegura: “Por ser astróloga no voy a dejar de estudiar la lucha de clases o de darme una vacuna”.

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La astrología, cuenta, no puede ni debe darnos certezas sobre la vida, sobre nuestra personalidad o sobre lo que nos va a pasar. Pero, entonces: ¿qué puede tener de rico, de valioso o siquiera de válido, un conocimiento que no aporta certezas en un mundo que se cae a pedazos?

“Creo que, más que nada en este momento, la astrología nos recuerda que los seres humanos estamos conectados no solo a otros seres humanos sino a los animales, a las plantas, al cielo. Eso es un montón para nuestra cultura positivista y capitalista. Creo que ese es el mayor aporte de la astrología en este contexto: y si bien puede llevar a algunas personas a un lugar muy narciso, de yo y mi personalidad y mi carta natal, su potencia está en la de ocupar un lugar de muchísima humildad en este cosmos en el que vivimos. La conciencia de ser parte de un sistema”.

Pero también reconoce y lamenta que esta mirada que piensa a la astrología y a las ciencias sociales como universos excluyentes es compartida por muchxs colegas esotéricos. Es crítica de las tendencias “apolíticas” de gran parte de la comunidad astrológica.  

“Con las ciencias sociales en sí es una conexión que todavía no está muy investigada ni explorada y, de hecho, muchxs de mis grandes maestres son muy reacios a tener un posicionamiento político o definirse por una ideología. Por supuesto que eso de por sí es un posicionamiento político, pero hay una pretensión de neutralidad por parte de mucha gente que se dedica a la astrología”, dice. 

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La astróloga cree que se está haciendo necesaria una profundización en la relación entre astrología y ciencias sociales. Y afirma que cada vez hay más politólogos, sociólogos, antropólogos y hasta economistas que estudian la astrología y que buscan ensamblar estos dos tipos de saberes. Cada evento, dice, puede ser analizado de múltiples maneras, de diferentes estructuras de conocimiento que funcionan en paralelo y no necesariamente se excluyen o se anulan entre sí. 

Hoy: urano en tauro

Según identifica, esta tendencia narcisista de considerar a la astrología como un lenguaje que le habla al individuo y sobre el individuo es algo del último siglo. “En la década del 70, la astrología se comenzó a nutrir mucho del psicoanálisis freudiano y de la idea de los Arquetipos de Jung”, dice. Ese fue el momento, según cree Gaitán, donde se popularizó una astrología de individuos y la figura del astrólogx como terapeuta. 

Pero a ella le interesa este conocimiento aplicado a lo colectivo: la astrología explica burdamente como para que cualquiera pueda entenderlo, marca porciones de tiempo, períodos, ciclos que atraviesa la humanidad entera.

Y habla de hoy: “Podemos decir, ‘urano en tauro’ o ‘la crisis ecológica y la potencia de los feminismos’, pero urano en tauro no causa la crisis ecológica ni tampoco es quién le da espacio a los feminismos. No hablamos de causa y consecuencia, ni hablamos de la fuerza de gravedad ni tampoco estamos hablando realmente del cielo, porque lo que hacemos es una representación del cielo. Estamos hablando de un tiempo: urano en tauro, que empezó en 2018”.

Y continúa:  “Entonces, en el tránsito de urano (la ciencia y también las revoluciones, las redes, lo colectivo) por tauro (la naturaleza, lo material, lo sensorial) va a ganar más fuerza la cuestión ambiental, el veganismo, el antiespecismo, la agroecología. Luchas de la naturaleza y el cuerpo: ‘mi cuerpo mi decisión’, la lucha por el aborto legal, o por los derechos de las trabajadoras sexuales. La digitalización del dinero. La virtualidad del trabajo”, enumera. “Urano en tauro es como una luz sobre un escenario”, ejemplifica. 

Astrología, ciencias y patriarcado

¿Por qué cree que la astrología prendió tanto, en un mundo tan reticente a lo esotérico?

La especialista cree que, dentro del mundo del esoterismo, la astrología es el lenguaje más popular o más aceptado por el tipo de organización de sus elementos. Se parece, al menos en su forma, a la ciencia: presenta un mapa, cálculos, efemérides, tránsitos. 

“Es el lenguaje que más se parece a lo que nosotros conocemos como occidentales positivistas. Hay algo en sus narrativas que nos resulta familiar dentro de nuestra cosmovisión”, explica. 

Tal vez, eso es lo que la diferencia de cuestiones como los registros akáshicos o la videncia: tiene, al menos en apariencia, una cualidad “tangible”. Pero para aquellxs que conectan puede ser una puerta de entrada para establecer otro tipo de conexiones con lo intangible, como pueden ser las canalizaciones.

Ésta condición inherente al lenguaje astrológico mismo le dio históricamente a la disciplina, cuenta Gaitán, un lugar dentro de los estudios de la “magia” muy privilegiado y, si se quiere, conservador, poco subersivo. Muy distinto a donde se la inscribe hoy en día. 

Y si hoy se relaciona a la astrología como algo “femenino” (como si fuera posible categorizar tal cosa), Gaitán destaca que no siempre fue así. “Históricamente, fue una disciplina de hombres. Primero porque aquellos que sabían astrología eran los que sabían leer y escribir y tenían que hacer cálculos complejos, un conocimiento que las mujeres no teníamos habilitado”, explica.

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Las “brujas” del pasado no tenían casi relación con la astrología: tenían más que ver con el tarot, la lectura de manos, los hechizos con plantas, el culto a la naturaleza, las experiencias sexuales más orgiásticas. Lo explica: “La astrología era cosa de varones privilegiados, que en esas sociedades patriarcales estaban tomando decisiones al lado de los líderes”. 

Lu Gaitán asegura que, si bien nunca hubieron tantas astrólogas mujeres como ahora, el patriarcado de la astrología sigue operando. Y ejemplifica: muchas astrólogas se dedican a investigar la parte emocional, mientras que los varones se suelen dedicar a cuestiones más técnicas o saberes de astrología mundana, como se llama a la astrología de procesos colectivos. En las escuelas de astrología, también identifica, se da mucho el caso de profesores hombres frente a un curso con gran mayoría de femenidades. “Y muchas mujeres en el marco de la consulta pero los congresos llenos de hombres”, ríe.

También, destaca, el sezgo patriarcal y heteronormativo de muchas interpretaciones, muchas veces atadas también a los mismos sezgos dentro del psicoanálisis. “Sí, hablaban de una época, es rico pero esa época ya no es la nuestra, y esas interpretaciones patriarcales como por ejemplo ‘Saturno es el padre’ son sólo una de las tantas interpretaciones posibles”, dice.

Brujxs

La figura de las brujas fue muy recuperada los últimos años por ciertos sectores del feminismo. Como símbolo de la opresión y la violencia patriarcal sobre las mujeres, como reivindicación de aquellas que murieron en vano y como una manera de hacerse cargo, pero también asumiéndose como portadoras de una fuerza, un saber ancestral, “inherentemente femenino”. Una condición de mágicas, de conectadas con lo sutil, para la que pareciera ser una condición necesaria y suficiente portar útero.

No es difícil entender por qué esta recuperación, al menos en ese sentido, es polémica y  muy cuestionada por los sectores más científicos del feminismo que, a su vez, rechazan nociones biologicistas. Desde discursos como este, es muy fácil caer en argumentos transfóbicos.

La astróloga señala que en Europa, previas a las culturas patriarcales, eran las culturas matrifocales. Culturas que solían adorar a diosas mujeres -entre ellas a la “gran madre”, que otorgaba y nutría con su cuerpo- donde las mujeres tenían un lugar relevante en lo público y podían vivir su deseo. “Eso luego fue barrido y dio paso a las mitologías patriarcales como son la griega y la romana -las dos muy vinculadas a la astrología que conocemos-, para luego dar paso al catolicismo y, ahí, las figuras mujeres comenzaron a ocupar lugares subalternos o directamente de sometimiento”. En estas mitologías, dice, las diosas mujeres están sometidas, están sufriendo o están excluidas, como por ejemplo Artemisa o Diana, la diosa de la caza, que es poderosa y libre pero vive en el bosque.

Por eso, Gaitán cree que es posible hacer una reivindicación de la bruja sin reducirla a cuestiones anatómicas o biologicistas. “La caza de brujas, así como la persecución a todos los cultos paganos, comenzó con el inicio del capitalismo. Las mujeres fueron las principales perseguidas, pero también se persiguió a lo que hoy llamaríamos maricas, a travestis. Y, para mí, eso es muy interesante de observar. El feminismo tiene que ir sí o sí junto al colectivo LGBTTQ+, son luchas necesariamente entramadas”, describe.

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Gaitán se dedicó en profundidad a estudiar el ciclo menstrual y su conexión con el ciclo de la luna. Pero sabe que un útero no te hace mujer, ni te hace esotéricx.

“Sí creo que hay algo de lo uterino y del ciclo menstrual que nos conecta a la naturaleza y con el cielo, simplifica esa conexión. Un lado brujx muy desarrollado, o muy potencialmente desarrollado, si se quiere. Pero, en esta cultura y en el año 2021, eso no es lineal. Te vas a encontrar con varones con un lado esotérico muy desarrollado y mujeres puramente racionalistas y cientificistas”, comenta. “Entre mujeres y disidencias sexuales y esoterismo hay una conexión y no la hay”, ríe. “La hubo, desde ya, cuando nos perseguían. Pero es mucho más complejo”.

Y se lamenta: “En el esoterismo hay muchx terf (sigla para ‘feminista radical trans excluyente’) que tal vez no se dice terf abiertamente, pero que tiene y sostiene ese discurso. Cuando entrás en el terreno de hablar de menstruación, ahí saltan todas las terf esotéricas que están al acecho”.

Pero entiende que tanto las ciencias como la política y los terrenos más “duros” fueron históricamente negados a las mujeres y que, ahora, la lucha pasa por la recuperación de esos espacios. “Muchas mujeres feministas sienten que el esoterismo las coloca en el lugar del misticismo, y no es así”. Y hace énfasis en un detalle interesante: las tan famosas “brujas” eran protocientíficas. Usaban plantas medicinales, hacían abortos y eran parteras.

Plantas para el cuerpo y el espíritu

Las plantas medicinales son fundamentales en su vida y otro campo de estudio al que se dedica.  Entre ellas, por supuesto, incluye al cannabis, pero también a muchas otras, no psicoactivas y de uso extendido: manzanilla, melisa, marcela, diente de león, carqueja y un infinito etcétera. Sobre éstas aprendió junto a Susana Lucyk y Flor Fasanella. 

Las plantas, dice, la ayudan a relajarse, a centrarse, a desintoxicarse: limpian el cuerpo y, también, la intuición, la que ella llama “percepción sutil”.

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“Así que sí a todo lo que sea con plantas, en todo sentido. Comer plantas, fumar plantas, tomar plantas, estar entre las plantas, tener una huerta, tener plantitas… todo lo que sea con plantas va a estar bien”, celebra.

Su gusto por el cannabis viene de mucho antes que su interés por la astrología, el esoterismo y las sabidurías ancestrales, pero en esa etapa de su vida logró conectar de una manera mucho más profunda y trascendente con la planta.

Le reconozco al cannabis que me habilita entrar en mis emociones, algo que no me resulta fácil a priori. Suelo ser más mental, más dura”, explica la astróloga. “Me ha abierto las puertas de la percepción. Medio (Aldous) Huxley como lo digo, pero así lo siento”, asegura. También, en su vida cotidiana, Gaitán es adepta a las microdosis de hongos y las usa cuando se siente muy cansada, estresada o le cuesta enfocarse.

También ha estado en contacto y se ha dedicado a estudiar y a explorar con otras plantas de poderes psicoactivos: la ayahuasca, los hongos, la huachuma y los diversos cactus americanos. 

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Creo que son experiencias muy necesarias para sentir la conexión de todo lo que nos rodea, más allá de la mente. Eso de ‘todos somos uno’ lo percibí gracias a esas plantas. Y cuando me puse a indagar un poco más me di cuenta de que esas percepciones estaban en mí cuando era más chica, sólo que habían quedado tapadas. Porque nuestra cultura y nuestra educación no van en esa línea”, reflexiona.

Pero de todas maneras, asegura:  “No podemos hacer recetas universales y decir que todo el mundo debería tomar ayahuasca. Pero sí creo que hay mucho miedo en relación a las plantas y eso tiene que ver con la prohibición. ¿Cuáles son las plantas o las drogas que están permitidas? ¿Cuáles quedan por fuera de la norma en esta sociedad? Y si vamos a pensar en ‘norma’ y en ‘esta sociedad’, no podemos dejar de pensar en los sectores dominantes. Y ahí los laboratorios ocupan un lugar importante”.  

Estas plantas, considera, abren la conexión con lo trascendente. Y eso es peligroso para el statu quo. “Si nos sentimos conectadxs a un todo y sentimos que todo está vivo, hay un montón de violencias que están naturalizadas que ya no vamos a poder dejarlas pasar”.

Y va más allá:  “Estas son cuestiones que nos recuerdan que no somos máquinas y eso, para nuestro sistema, es terriblemente disidente. A veces tenemos ganas de descansar y no de producir. A veces nos preguntamos por qué y para qué hacemos lo que hacemos. Y vivimos en una sociedad mega bombardeada de deseos prefabricados e ideas de éxito”.

¿Cree que hay algo en el momento astrológico que estamos atravesando que favorezca estas discusiones sobre la legalización del cannabis y la importancia terapéutica de los psicodélicos? “Sí, tauro es la naturaleza y urano es, entre otras cosas, el saber científico. También estamos atravesando un tránsito muy largo de neptuno en piscis que nos trae la reconexión con saberes ancestrales y con el ‘lado mágico’. Estas plantas están ahí, mediando entre lo científico y lo más sutil. Me parece muy necesario”, explica. Y recalca en una obviedad: “Además, ¡los laboratorios usan plantas! Las plantas tienen principios activos. No es que es un delirio que nace de la percepción subjetiva”. 

La astróloga recalca la relación de estas plantas enteógenas con la mitología: son plantas dionisíacas. “Y Dioniso es el que perdió la batalla cultural”, ríe. Dionisio, dice, tiene un lugar marginal en nuestra sociedad, un lugar externo, de otredad. Y enumera lo dionisíaco: las experiencias sexuales múltiples u orgiásticas, las fiestas electrónicas.

Por eso, reivindica -con responsabilidad y cuidado- esas sustancias que abren al amor, la empatía y la sensibilidad. “Yo creo que son la versión sintética de estas plantas que mencionábamos. Pero es algo que nuestro contexto cultural le pone un borde y un marco. Algo que vivís una noche del fin de semana cada tanto, después tenés que volver a tu vida normal”, explica.

Ha probado LSD, éxtasis y MD. Le parecen súper interesantes y valiosas, pero identifica dos problemas: el bajón posterior y la imposibilidad de saber de dónde salen, cómo y con qué se producen. 

“Las plantas, por el contrario, no tienen todos esos efectos adversos. Pero igual cuando abrís mucho esos canales de emocionalidad, aunque sea a través de plantas, después la realidad muchas veces duele. Porque, ¿qué hago con todo esto de lo que me di cuenta?”.

Creer sin reventar

El feminismo vive una constante puja por correr a la religión y la iglesia de la discusión pública. En este contexto, esa simplificación que equipara esoterismo con religión parece apuntar directamente a discursos como el de Gaitán. Pero, ¿es lo mismo ser esotéricx que ser religioso?

La religión tiene inherentemente un componente esotérico: pero el esoterismo no es religión necesariamente. De hecho, puede ser lo contrario.

El camino esotérico puede ser una alternativa para aquellas personas con inquietudes espirituales y preguntas por lo intangible que no se sienten interpeladas por el sistema religioso. Lu Gaitán no se considera una persona religiosa para nada. Identifica a las religiones como instituciones, que marcan un ‘deber ser’, una normativa y una configuración de bien y mal, además de que tienen necesariamente figuras de autoridad. “En cambio, si tomás el esoterismo podés creer en Ganesha, en la Virgen María y en Iemanja. Si sos católico no, es excluyente”, explica. 

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“En la religión, para que haya contacto con lo divino, no basta con la interpretación del ser humano promedio. Tiene que haber una institución, un varón y un deber ser”, define. Para las culturas ancestrales, cuenta, Dios no estaba en las instituciones sino en la naturaleza. “Más Spinoza, pero Spinoza también perdió la batalla: la ganó Descartes”, reflexiona, cruzando nuevamente con otra de las disciplinas que estudia, la filosofía.

Y menciona el ejemplo de Juana de Arco, símbolo y gran referente, prendida fuego condenada bajo varias acusaciones: “Le decían que estaba loca porque hablaba con Dios y ahí volvemos sobre el monopolio de la palabra: solo la iglesia, y los hombres de la iglesia, podían hablar con Dios. También, según nuestras categorías de hoy, podríamos decir que Juana de Arco era no binarie, porque no se vestía ni lucía como se supone que tenían que hacerlo las mujeres. Y, además, la encontraron durmiendo con una mujer. En su figura se cruzan todos los temas”.

Foto por Maruja Caceres, editada en Canva

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