Drogas, Política, Cura Psicosocial y el Baño de Realidad de la ‘Historia Universal del After’

Nota por Hernán Panessi publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Cuerpos sobre otros cuerpos. Carne sobre carne. Galpones derruidos, calles cortadas, efectos prolongados de ketamina, largas sesiones de DJs, presencia omnisciente de dealers. Historia Universal del After, del productor e investigador Leo Felipe y edición de Caja Negra, se erige como una crónica narcótica en primera persona sobre la movida underground de Porto Alegre, San Pablo y Belo Horizonte, en Brasil.

“El after es un fenómeno relacionado con el problema del trabajo”, sorprende el autor brasilero en exclusiva para El Planteo. “Como, sobre todo hoy en día, nunca dejamos de trabajar ni de producir contenidos sin parar, el proyecto de prolongar la fiesta después de su fin representa una deserción del trabajo, aunque sea temporal”.

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A lo largo de Historia Universal del After, el multifacético Leo Felipe revuelve ideas a propósito del after y de su lugar en la sociedad actual: “Es una posibilidad de interrupción de las actividades funcionales, de las pocas ocasiones en que nos permitimos olvidar cargar la batería y en las que podemos dedicarnos a la improductividad total”, asegura.

Además, en su carácter subversivo, el after “promueve un acto de sabotaje”, ya que agota el cuerpo que debe “volver a trabajar más tarde”.

Sin sabor artificial

Entretanto, el espíritu festivo de la investigación (“El culo más cerca del suelo, el alma más cerca del cielo”, así comienza el capítulo llamado “El Artefacto”) anida, entre otros menesteres, en la idea del after como un momento de ocio para los trabajadores nocturnos. “Ahí, por fin, ellos pueden disfrutar de la música, de la conversación y de las drogas sin preocupaciones”, señala.

“En los mejores afters prevalece el espíritu del socialismo y la propiedad (la droga, digamos) se reparte por igual entre cada participante”.

El autor no recuerda la existencia del término “after” hasta después de entrados los años 90. La impresión que sobrevuela en su memoria es que aquellas eternas noches de insomnio y drogas estaban más relacionadas con la tradición bohemia y la sensibilidad beatnik. Con una noche más machista, más conservadora, más clasista.

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Y cree que, por el avance de las discusiones sociales, las nuevas manifestaciones colectivas configuraron este “nuevo after”. Un after que, según sus palabras, “algo ha mejorado, después de todo”.

“A partir de los años 2000, se llevó adelante un proceso de homogeneización higienista, que pasó a ser combatido por los colectivos que le dan vida a las situaciones narradas en este libro”, avisa, desde el prólogo, el creador de contenido Gabriel Bernardo.

Hasta que el cuerpo aguante

Entre las drogas más utilizadas en el under brasilero está muy presente el alcohol, que el autor advierte como “la gran droga brasileña”. ¿Por qué? “Porque únicamente estando borracho se le puede hacer frente a esta brutal realidad”.

Sin embargo, entre las drogas “no legalizadas”, la marihuana y la cocaína, ya sea inhalada o fumada (crack), constituyen la base del consumo. Lo explica Leo Felipe: “Son drogas accesibles que se pueden comprar en las esquinas de cualquier ciudad brasileña grande o mediana”.

Además, entre la exploración de diversos géneros literarios (epistolar, periodístico, ficción, sátira, poesía y autobiografía), distingue la presencia de helipa, una “especie de cocaína” (así, entre comillas) que circula en San Pablo, su ciudad actual. “El producto se produce y distribuye desde Heliópolis, la mayor favela de San Pablo. Con su característico envase, la helipa parece ser una mezcla de drogas y sustancias que distan mucho de la cocaína”, cuenta.

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Asimismo, con el trazo de una energía indiscutiblemente frenética, menciona a la marihuana prensada (consumida muchísimo más que las “versiones gourmet”), al ioló (un inhalante hecho de cloroformo y éter), la ritalina (una anfetamina), al MDMA (de uso extendido entre los usuarios) y la ketamina (muy popular en la escena electrónica).

historia universal del after

¿Cuál considerás que fue la “edad de oro” del after?

—Aún con las justificadas críticas -de la izquierda- al proyecto político del PT, los años en que el Partido de los Trabajadores gobernó el país fueron, sin duda, la época dorada del after. Durante este período, más de 30 millones de brasileños salieron de la pobreza y el país redujo drásticamente su escenario histórico de inseguridad alimentaria. Un escenario que, ahora, con el gobierno fascista, ha vuelto a devastar a la población más vulnerable.

—¿Qué había en esa época como para considerarla “especial”?

—En esta época teníamos trabajo, ingresos, comida, viajábamos en avión por todo el país y el extranjero, ingresábamos a las universidades y podíamos usar nuestros medicamentos. Esta época dorada también representó el último atisbo de ingenuidad en relación con lo que realmente es este gigantesco agujero abismal llamado “Brasil”.

(No) todo after es político

Así las cosas, Historia Universal del After se desarrolla como una investigación de corte político. Y coloca al after como objeto de estudio desde el que se identifican diversos retazos tanto poéticos como identitarios. Aunque no, obviamente, todos los afters no están necesariamente “politizados”.

“En realidad, el after también agota el cuerpo dedicado a las formas tradicionales de lucha política”, aclara el autor.

De hecho, en esa sintonía, el sexo también ocupa un lugar subordinado, secular: “Las drogas tienen la sartén por el mango en la conducción de los acontecimientos”.

Después, ¿qué importa el después?

¿Y qué hay después del after? ¿Existe algo así como un “after del after”? Sí, y es la dura realidad. Y, de paso, allí también se cosen algunas suturas de Historia Universal del After: en el choque de frente contra las obligaciones y los compromisos. En el cuerpo bajo de serotonina, en la desarticulación de la concentración, de la memoria, de la articulación verbal, de la coordinación motora.

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Por eso, también, el autor insiste en considerar al after como una especie de “proceso de curación psicosocial”. Una ganancia que, en suma, llega por algún lado.

“¿Cómo puede un espacio dedicado al despilfarro -de energía vital, de oportunidades de descanso, de salud, de dinero- permitir la curación de nuestras psicosis y enfermedades colectivas? Tal vez sea ésta la idea más delirante entre todas las que contiene el libro. Aunque desconfío de las utopías, admito que aquí hay un componente utópico”, cierra Leo Felipe.

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¿Cómo se Compone un Hit? Shigant-G, el CBD y su Trabajo como Productor de la Crema Musical Argentina

Nota por Hernán Panessi publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Cuando arrancó con la producción musical, Nicolás “Shigant-G” Romano tenía un problema de atención y se mareaba viendo tantas perillas y canales. Pero, mágicamente, ordenó su cabeza en colores: “Los rojos son los que más consumen energía en una canción y llevan un nivel de importancia superior frente al resto de colores como el naranja, amarillo, verde y celeste”, cuenta.

A este método, el joven detrás de El Origen de Acru, Hecho a Mano de YSY A, “R.I.P.” de Cazzu, entre otras producciones, lo llamó “Método Arcoíris” y lo compiló en este, su primer libro, donde sistematiza su experiencia. Muy resumidamente: explica como hacer un hit.

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Es la guía paso a paso que me hubiese gustado tener cuando me inicié en el mundo de la producción musical para diseñar el sonido de los álbumes que pasaron por mis oídos”, explica Shigant-G.

Hacelo vos mismo

El productor es un convencido de la revolución de las habitaciones, del boom del do it yourself, de las bondades de la producción hogareña: “Siento que es posible crear, grabar y mezclar tus canciones y álbumes usando cuatro elementos: un portátil, una interfaz, un micrófono y unos auriculares”, asegura.

“La magia está en la ecuación y no en la emoción”.

Por caso, su libro está orientado a productores musicales, artistas, mixers y creadores de contenido que están dando sus primeros pasos. Y, más allá de las técnicas, Shigant-G hace hincapié en el desarrollo personal y profesional contando cómo transitó su camino en la música.

Como hacer un hit: ¿qué hay detrás de las canciones que suenan en todos lados?

“Para que una canción funcione tiene que sorprender, emocionar y ser fácil de recordar”, narra este fanático del sonido de Dr. Dre, Fito Páez. Dave Brubeck y Hans Zimmer.

¿Qué canción de la historia de la música le hubiese gustado grabar? “Cherish the day” de Sade.

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—Según tu experiencia, ¿cuál es el primer paso para grabar una canción?

—Usualmente, utilizo una instrumental de algún beatmaker de confianza o algún type beat de YouTube que me despierte una emoción. Puede ser de desamor, de euforia o simplemente de algo que me toque un nervio que hace años tenía guardado. Con la emoción a flor de piel, tarareo varias melodías sobre el beat. Hago de 3 a 6 grabaciones lo más rápido posible para no perder el fogonazo inicial. Luego comienzo a elegir las frases que más me gustan. Una vez terminado, compongo la letra sobre esas melodías. En el libro cuento más formas.

—De paso, van unos meses desde que salió. ¿Cómo viene el recibimiento del libro?

—Estoy sorprendido y muy feliz con los resultados. Escribí el libro con la intención de poner al servicio mi experiencia a una comunidad que lo está recibiendo con mucho amor y compartiendo de forma genuina. Vamos por la segunda tanda sold out. Lo que más me pone feliz es que la intención principal, desde el inicio, fue ayudar y eso está ocurriendo.

Respeto por el CBD y la historia de su abuela

Entretanto, el productor reconoce que su relación con el cannabis “es espectacular”.

Durante muchos años fumó marihuana, aunque -según narra- “su experiencia era limitada con su uso en todas sus formas”.

Sentía que le daba placer y, además, le servía para aplacar su ansiedad.

Con el paso del tiempo, su actitud pasional por hacer cosas, una manera intensa que roza la obsesividad, se volvió bastante dependiente: tuvo que dejar de fumar y buscar otros métodos para encontrar el foco. Así llegaron a su vida el deporte, la meditación y, fundamentalmente, el CBD.

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“Al principio, cuando dejé el porro, como en toda ruptura, estaba enojado o confundido”.

Hasta que, hace unos años, su abuela empezó a utilizar aceite de cannabis para paliar sus dolores. “Ahí entendí el verdadero poder de la planta. Me regaló tiempo con una persona que amo”.

En lo personal, Shigant-G nunca usó el porro como un incentivo para componer: lo ponía lento y a él le gusta estar activo. “Es que me voy por las ramas. Y cuando fumaba, ya no sólo me iba por las ramas, sino que cambiaba de bosque completamente”, reconoce.

Foto de cortesía.

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Arte, Vandalismo y Acción Directa con Miss Eu G: DJ de El Doctor, MC y Gestora Cultural

Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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La persona que le pincha los beats y le hace los adlibs a El Doctor en vivo es mujer y se llama Miss Eu G. Ella es DJ de trap, rapera y productora y gestora cultural; y durante los primeros años también fue su manager, organizando fechas y giras alrededor del país.

“Soy una piba megacuriosa del tercer cordón del conurbano”, se define.

Dentro de la escena trap es un bicho raro: desde chica que se conoce todas las bailantas pero también iba a ver bandas de la escena alternativa. “No sé de dónde me bajó la data de que a mí me gustaba la música experimental, sónica y alternativa en ese momento, pero me la pasé arriba de los trenes recorriendo todo Buenos Aires yendo a ver bandas todos los fines de semana desde los 13 años”. Le gustaba mucho ir a ferias de fanzines, fiestas contraculturales y fechas under. Y es fan de la literatura y el cine.

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Al Doctor lo conoció en una de estas vueltas. 7 años atrás, la DJ investigaba la escena de rap Argentina pero no la sastisfacía: había algo del rap cociencia que la terminaba aburriendo. Así fue como le llamó la atención El Doctor por sobre los demás MCs del momento, mucho más nasty, controversial y con un pie en el punk. 

“Rapeaba con su peinado tipo Misfits y yo dije este chico es un raro”, ríe. Le gustaron sus letras duras y explícitas. El trabajo juntos se fue dando naturalmente y se fueron consolidando como dúo. Al principio también era su manager. Sobre esto le interesa remarcar: “El tema de ser una manager mujer y trabajar en la noche con todo lo que eso conlleva. Hay gente pesada en todos lados y nosotros también lo somos. En esas relaciones de fuerza hay que ser muy pistera y saber manejarlo muy bien para sobrevivir. Definitivamente no es para cualquiera”.

Hoy delega gran parte de esas tareas para centrarse en su carrera artística, tanto junto a El Doctor como solista, y trabajan con un manager que los maneja a los dos. Y tienen, junto al resto del equipo, un sello que se llama Muerte a la Poli.

“Yo no creo que adherirse a la hegemonía o a la moda de la estética del momento sea el único camino aceptable como artistas. Todo lo que es genuino y real tiene su peso. Por eso podemos decir que llenamos un Groove en la presentación del disco solos, sin publicidad. Somos artistas independientes posta”, cuenta.

Y pueden estar felices que, a pura autenticidad y garra, llegaron lejos: sus próximos shows son el Primavera Sound -con El Doctor como único rapero masculino en el mismo día junto a Travis Scott, aclara- y el festival Nueva Generación en el Estadio Kempes de Córdoba. También acaban de confirmar su participación en la próxima edición de Cosquín Rock.

“No vale apropiarse del lenguaje y de experiencias que no condicen con tu clase social”

Junto al Doctor funcionan como banda. No solo es la DJ, sino que es una parte fundamental del proyecto tanto creativa como operativamente.

“Considero que hago unos adlibs diferentes”, cuenta Eu G, y explica que tiene que ver con sus influencias musicales que exceden al rap: punk, postpunk y hardcore. “Siento que soy una persona híbrida culturalmente hablando. El Doctor es un artista de trap y rap gangsta hardcore y también muy punk aunque suene todo muy aislado”.

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Recientemente subió un tema, “Nunca van a ser Trap”, con ClubHats. Lo hizo en Sponsor Dios, el estudio de Ysy A. “Todo el tiempo estoy recibiendo propuestas para trabajar con los que yo considero que son los mejores productores del trap argentino y eso me hace sentir muy bien, así que se viene mucho más”. En el futuro va a sacar un perreo junto al Doctor y a DJ Mami . “Todo para aportar a la fiesta que tanto nos gusta y tan bien nos hace”.

Le gusta componer utilizando la técnica del freestyle, y su inspiración es la realidad. Para ella eso es lo único que define verdaderamente al trap: “No vale apropiarse del lenguaje y de experiencias que no condicen con tu clase social. Eso me parece que es muy negativo para la construcción de un lenguaje que se basa en la representación de la realidad de las clases bajas”, analiza.

“Todo lo que es conceptual es mutable, sin embargo de lo único que estoy segura es que el trap debe ser una representación de la realidad de personas en los márgenes de esta sociedad”. Y agrega: “Y ante todo rapear bien”.

Como DJ no tiene muchas ataduras: pincha lo que le gusta. Música del caribe, rap y trap estadounidense, baile funk. Cuando toca en fiestas sus sets tienen un poco de todo eso siempre con un pie en el underground. También es una gran admiradora de la cultura clubber. “Salir a la noche a divertirse y escuchar lo que los DJs tienen para compartirnos. Es una manera de expresarse muy linda. Y me gustaría pedirle a la gente que no ande pidiendo temas, que lo que hace el DJ en su set también es una forma de comunicarse respetable. Hay que ir a disfrutar y a descubrir cosas que no conocemos”.

Y dispara: “Quiero invitar a todes a que tengamos una búsqueda sonora más amplia”.

“Es un cóctel hermoso fumarte un porrito y hacer freestyle”

Miss Eu G probó la marihuana de adolescente y desde ese entonces la acompaña. El porro tiene mucho que ver culturalmente con la música que ella hace y escucha y siente que son cosas que van de la mano. La ayuda mucho en sus procesos creativos, siempre con responsabilidad: “Es un cóctel hermoso fumarte un porrito y hacer freestyle, fluir en beats y demás. Es muy lindo así que suelo encarar por ahí”, dice.

El porro es lo que más circula en los camarines y los shows de la banda, cuenta. Es lo que fuma todo el equipo. Esto puede sorprender dado que El Doctor se hizo conocido con una canción llamada “Falopa y Pasta Base”.

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“A pesar de que El Doctor habla de las adicciones en sus canciones me gustaría que la gente escuche bien las letras porque el nunca dice que está bueno lo que atraviesa a partir de todo eso”, cuenta la dj.

Jamás fomentan un ambiente de consumo de cosas más pesadas. “Todas las letras expresan el dolor que conlleva la adicción. Hacemos trap, que significa atrapado. Y nos pone muy tristes que mucha gente joven se arruine a través del consumo de ciertas cosas”, sigue.

En todos los ambientes se consume de todo. Yo me preocuparía mucho más por artistas que hablan de la paz y el amor cuando en su vida eso no es una realidad. Hablar de nuestras vidas de una forma real y hacernos cargo de eso es un primer paso hacia la transformación. No me parece que la única manera de poder hablar de sanación y progreso sea esa que nos muestran las redes sociales, tan clean y hegemónica”.

“Sororidad es entre mujer y mujer, no entre mujer y lora”

“Fui y soy una de las pocas mujeres que acompaña a un show de estás características en este país, no sé si la única debo decir “, afirma, y está en lo cierto. No es para nada común ver a una chica acompañando a un trapero hombre detrás de las bandejas, y mucho menos a uno que rapea sobre los temas que rapea El Doctor.

“Todos los géneros tienen una mirada bastante controversial con respecto a la mujer. Yo sé que éste contenido no es misógino porque eso habla del odio hacia la mujer y en este caso nadie odia a nadie. No le vemos la carga negativa a la palabra ‘puta’. Tengo muchas conocidas y amigas que se dedican al trabajo sexual y son abiertamente putas”, cuenta.

Sí le ha pasado que otras mujeres la confronten por esto mismo. Una vez, cuenta, un grupo de chicas muy rubias y muy blancas la encararon en Niceto acusándola de mala feminista por trabajar junto a El Doctor. “Recuerdo haberles dicho que si ellas por mes juntaban el dinero que yo necesitaba para vivir, yo con gusto dejaba la banda y comenzaba a vivir de los fondos que me daban. Obviamente no acusaron respuesta”, cuenta.

Se hace cargo del lugar que le toca y a la gilada ni cabida. “No me gusta andar dando muchas explicaciones. Si al final el lugar que tenemos las mujeres de barrio, con todo lo que eso conlleva, es tener que andar dando explicaciones no estoy muy de acuerdo con eso. Me resulta muy contraproducente pensar que las mujeres somos castas, puras y que acarreamos paz y amor todo el tiempo porque no es así”.

Y sentencia: “Una vez leí en Internet: sororidad es entre mujer y mujer, no entre mujer y lora. No pienso que cualquier persona que me venga a lorear esté realizando un acto muy transformador para las mujeres dentro de esta sociedad”.

“Soy una gestora de buenas noticias”

Además de todo lo que hace, Miss Eu G también es asistente de producción en Peek LATAM, primer y único canal digital de streams por Twitch del país. Ahí producen streams musicales junto al Doctor y MCs y beatmakers invitados. 

Lo que más le gusta es visibilizar el trabajo y la dedicación de lxs productorxs, en muchos casos invisibilizadxs. “Para mí es súper importante darles espacio e identidad a los productores que están detrás de cualquier pieza musical que escuchamos”, dice. Por ahí pasaron Kaleb Di Masi, Perro Primo, DT Bilardo, Gabino Silva, Chulimane junto a su productor Ramiro y Dellaloula (productor y DJ de Barderos Crew).

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“Le meto a la gestión hace años, soy una hacedora, gestora de buenas noticias diría. Todo lo que se me cruza lo quiero transformar en una experiencia dentro del arte y la cultura”, se describe.

“Siempre me gustó mucho el arte”, dice, y se ríe: “Bah, más que el arte… el vandalismo y la acción directa”.

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TV de Culto, Psicología del ‘Yo’ y Animación Nerviosa: Hablamos con Jonathan Katz, Creador de la Serie Dr. Katz

Nota por Hernán Panessi publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Sobre el andamiaje de la vida cotidiana, el 99% de los problemas que brotan desde nuestros pensamientos se expanden gracias a su carácter egocéntrico. Una configuración monstruosa del “yo”, digamos. Y eso lo sabe bien el Dr. Katz, Analista Profesional, un psicoterapeuta que invita a dejar de pensar tanto en uno mismo y a apuntarse en unas sesiones privadas algo “especiales”.

En tanto, la psicología y la mente humana pueden convertirse en material catódico para revolver en miserias, angustias y traumas que, en forma de animación, devienen en comedia. Pacientes neuróticos, frustrados, comediantes de mucha y poca monta: todos rotos, todos con egos peculiares, todos problemáticos por igual.

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“Creo que el programa era realmente sobre el Dr. Katz, Ben [su hijo] y Laura [su secretaria]. Los pacientes eran más bien una herramienta de marketing”, aclara Jonathan Katz, el auténtico Dr. Katz, creador de la mítica serie animada que brilló entre 1995 y 2002, en conversación exclusiva con El Planteo.

Más o menos de eso iba la retorcida, flashera y terriblemente cool serie de 6 temporadas que, por América Latina, se vio gracias al extinto canal Locomotion y que, por estos días, aún tiene sobre sí una estela peculiar.

Una comedia para gente ‘especial’

“No sabía que Dr. Katz había sido un programa de culto en Latinoamérica”, se sorprende Katz. “Mi comedia no es para todo el mundo”, escribió en la biografía que figura en su sitio web personal. Casi como un disclaimer de su propia existencia.

Sin embargo, amén de asumir un espacio underground dentro del ecosistema humorístico, Jonathan Katz pasó unas ocho veces por Late Night with David Letterman, uno de los shows más populares de la televisión de Estados Unidos. Y su programa, Dr. Katz, fue parodiado por pesos pesados de los cartoons norteamericanos como South Park, Padre de Familia, Duckman, entre otros.

Animación nerviosa

Por caso, la serie estaba animada con un singular formato garabateado y nervioso gracias al Squigglevision, un rarísimo estilo de animación creado por Tom Snyder, socio de Katz en la producción.

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Allí, todas las personas y objetos animados eran coloreados y tenían contornos ondulantes, mientras que la mayoría de los objetos inanimados se yerguen estáticos y usualmente de color gris.

dr katz

“Eso fue una invención de Tom, quien tenía una empresa de software educativo y que, a través de esos productos que creó, descubrió el mundo de la animación. Yo no estuve involucrado en el proceso de animación”, recuerda Jonathan Katz.

Un deseo: la vuelta de Dr. Katz

A pesar de que el personaje de animación se llame igual, luzca idéntico y tenga un oficio parecido (uno atiende comediantes, el otro es un comediante), Jonathan Katz se desmarca del Doctor de la serie: “No puedo distinguirlos demasiado, pero uno es una persona real y el otro es un personaje inventado, de dibujos animados”.

dr katz

Pese al éxito, Dr. Katz, Analista Profesional fue cancelada a comienzos de los 2000. “Aunque fue un programa de culto, dejó de ser atractivo para el grupo demográfico que, en ese momento, perseguía el canal Comedy Central”, cuenta.

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Entretanto, Jonathan Katz piensa “a menudo” en hacer una versión live action de Dr. Katz, Analista Profesional. ¿Y volvería con la serie animada? “¡¡¡Absolutamente!!!”, aclama.

Dr. Katz te firma la receta

A la sazón, en tiempos pandémicos y de pura histeria de las redes sociales, Jonathan cree que, a pesar de todo, en caso de retornar con su show y sus dramas de diván, “la serie probablemente sería igual, salvo por el hecho de que todos han envejecido”.

dr katz

En la actualidad, Jonathan Katz está metido en nuevos menesteres. De su boca: “Como la mayoría de los estadounidenses, tengo un podcast”, bromea. “El mío se llama Hey We’re Back”.

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Y en sintonía con el avance de la discusión pública por el uso de la marihuana medicinal y recreativa y, fundamentalmente, con la cada vez más democratizada prescripción médica de cannabis, Jonathan Katz cree que el Doctor probablemente “nunca haya fumado porro” pero asume que “sí, absolutamente, recetaría cannabis a sus pacientes”.

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Silvia Kochen, Coordinadora de Cannabis Conicet: ¿Por qué es Importante que el Estado Haya Creado su Propia Empresa?

Nota por Ulises Román Rodríguez publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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La doctora Silvia Kochen es la coordinadora científica de la flamante empresa pública de base tecnológica Cannabis Conicet.

En su extenso currículum consta que la cabeza de este proyecto -que significa un paso destacado para la industria del cannabis en Argentina- es neurocientífica, investigadora del CONICET, directora de la Unidad Ejecutora de Estudios en Neurociencia y Sistemas Complejos.

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A su vez, Kochen integra la Red Argentina de Cannabis Medicina (RACME), dirige el Centro de Epilepsia de los hospitales Ramos Mejía y El Cruce y es una de las fundadoras de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología, desde donde -junto con otras colegas- da a conocer algunos aportes de la neurociencia al conocimiento sobre el cerebro y las mujeres.

Cannabis Conicet fue creada con el objetivo de fortalecer e impulsar la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial en la región en todas las etapas: desde el cultivo, la producción y el uso clínico e industrial a la capacitación y formación de recursos humanos

Fue anunciada oficialmente el pasado 11 de octubre a partir de la articulación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ) y el Hospital de Alta Complejidad El Cruce Néstor Kirchner.

“Este es un proyecto que viene haciéndose hace mucho. Su base tiene que ver con la Red de Cannabis Conicet y la búsqueda de generar una situación en espacio público. Lo que no quiere decir que después no se abra a otros actores. Busca contribuir a que la gente tenga acceso con calidad al cannabis, que se sigan haciendo investigaciones y que tengamos cultivos estacionales”, explica Kochen a El Planteo.

Una razón de ser

Según detalla el acta fundacional, Cannabis CONICET tiene como misión consolidar la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial en la región, generando estándares de calidad e innovación en todas las etapas.

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La creación es posible en el marco de un contexto alentador en el que se pronostica que para 2024 la producción global de cannabis medicinal alcanzaría los 42.700 millones de dólares, multiplicando catorce veces el valor de diez años atrás.

La creación de la empresa que coordina Silvia Kochen permitirá asegurar la calidad, el uso seguro del cannabis medicinal, su acceso, fortalecer la cadena productiva y, al mismo tiempo, posibilitará poder contar con semillas propias, lo que significa soberanía para la producción argentina.

El acercamiento de la doctora al cannabis medicinal se produjo a partir de su especialización en la epilepsia y el acercamiento al hospital de cientos de familiares y pacientes con esta enfermedad en busca de acompañamiento en el uso del cannabis.

A partir de ello, junto con su equipo de trabajo realizaron estudios observacionales y ante las coincidencias con varios profesionales de la salud e investigadores fue que decidieron constituir la RACME.

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Fueron numerosas investigaciones las que dieron evidencia científica sobre el uso del cannabis en diferentes patologías y en el mejoramiento en la calidad de vida.

Esta situación, sumada a los pocos efectos adversos hizo que aumente el interés científico y el industrial.

¿Qué lugar ocupa la Argentina en materia de cannabis con respecto a otros países de Latinoamérica?

—Creo que estamos en una posición bastante avanzada. A diferencia de otras partes del mundo, donde se considera al cannabis un suplemento dietario, lo que significa que es accesible pero para el que tiene la plata, el que no tiene la plata no accede porque lo tiene que pagar, nosotros logramos que la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica) saque una resolución, que es una nueva categoría para que se lo considere un producto medicinal no farmacéutico. Así, una vez que se reglamente bien esto, la obra social lo pueda cubrir.

Tomar posición

Con la nueva empresa y el Estado interviniendo en la salud pública, en el control de calidad, impulsando el avance en los estudios clínicos del cannabis medicinal y el desarrollo del cáñamo industrial suponen más fuentes de trabajo, remediar suelos y un importante desarrollo.

En ese sentido, el mayor temor de quienes vienen luchando por la legalización es que todo termine quedando en las manos de unos pocos, que hagan su negocio.

—También ése es nuestro temor: que esto quede monopolizado en los grandes monopolios de los laboratorios. Por eso, la creación de esta empresa, que es una empresa pública. Es toda una posición en este país y en este mundo tener esta postura.

¿En qué momento piensa que se va a poder usar el cannabis medicinal sin que haya tantas trabas?

—Creo que en el momento en el que se termine de reglamentar la última ley. Lo que hicimos es no hacer una espera pasiva y entonces creamos esta empresa. Por ley lo tienen que hacer: crear la agencia y que esta pueda terminar de reglamentar todo lo que sea necesario para que se pueda hacer todo lo que es el proceso productivo.

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Para Kochen, este es sólo el comienzo ya que “la idea es sumar a toda la gente que esté interesada en la temática, que le importe participar y está al servicio de los intereses de nuestra gente. Ese es el objetivo fundamental que tiene la empresa”.

Cannabis, el documental

Además de la medicina y la investigación, Silvia Kochen es realizadora audiovisual. Egresada de la carrera audiovisual de la Universidad Nacional de las Artes, su primera obra fue el documental Sara Méndez, sobre la maestra y militante uruguaya que fue secuestrada, junto a su hijo de 20 días, en Argentina en el marco del Plan Cóndor.

En 2021 estrenó su segundo documental, Primera línea de fuego: una serie de relatos en primera persona del personal de salud que atendió pacientes con COVID-19 filmado durante la pandemia.

Silvia Kochen y Emiliano Serra Cannabis medicinal
Silvia Kochen y Emiliano Serra durante el rodaje de Cannabis medicinal

En la actualidad se encuentra trabajando junto al realizador Emiliano Serra en el documental Cannabis Medicinal. El largometraje tiende un puente entre la ciencia y el conocimiento popular.

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Con el aporte de distintos testimonios, científicos de diversas especialidades dan cuenta de cuál es la posición de la ciencia respecto a cómo actúa el cannabis medicinal en el organismo así como también lo hacen diferentes actores sociales entre quienes se destacan integrantes de Mamá cultiva y reconocidos cannabicultores que vienen sosteniendo la lucha por la legalización de la planta.

“El documental es variopinto y se van tomando testimonios a varios actores, que participan en todo el proceso del cannabis”, comenta Silvia Kochen.

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EXCLUSIVA – Valeria Salech de Mamá Cultiva Argentina: Autocultivo, Feminismo y Economía del Cuidado

Nota por Nicolás José Rodríguez publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Mamá Cultiva Argentina es una organización de cuidadoras, cuidadores y usuarios que cultivan cannabis para su uso terapéutico. Creada en la Argentina en 2016 para darle un marco de legalidad al autocultivo, la organización creció para abrazar la causa feminista y la reivindicación de la economía popular y del cuidado.

Valeria Salech es feminista, presidenta de la organización, militante por la legalización del cannabis y activista social. Hoy reivindica el camino transitado por las organizaciones que culminó en la sanción de la Ley 27.669 de Cannabis Medicinal e Industrial a principios de 2022 y asegura que ahora es momento de avanzar hacia la despenalización del cannabis.

Paso a paso, Salech busca construir un sistema de salud más equitativo e igualitario que incorpore al cannabis. Goza del temple y de la paciencia que trae la experiencia de años transitando pasillos del Congreso.

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Durante la presentación de un proyecto de despenalización de la marihuana en 2016, Salech se encontró con mamás, diputadas mujeres, y algunas organizaciones cannábicas, en su mayoría ‘de varones’. “Eran casi todas de varones. Se hablaba del aceite de cannabis, ahí le dije a una compañeraacá tenemos que organizar una asociación de minas que cultiven para la salud’”, recuerda Valeria.

Valeria Salech junto al presidente Alberto Fernández en el acto de promulgación de la Ley de Cannabis Medicinal y Cáñamo Industrial

“Había muchas organizaciones con perspectiva de derechos humanos, con esto de la libertad individual, pero es difícil generar empatía desde ese lugar. Al ver a una mamá que lloraba, pensé ‘este es el mensaje, así va a empatizar la gente’. Me contacté con la Revista THC y me dijeron ‘¿conoces a las chilenas de Mamá Cultiva?’”, agrega Salech.

El resto es historia. Desde entonces, Mamá Cultiva Argentina jugó un rol definitivo en el lobby por la creación del registro de pacientes medicinales de cannabis, el “REPROCANN” y en la sanción de Ley de Cannabis y Cáñamo Industrial, promulgada por el Presidente Alberto Fernandez el 24 de mayo de 2022.

Así nació Mamá Cultiva Argentina

“No hablábamos de aceite, hablábamos de cultivo. Salimos a los medios y empecé a visitar diputados”, recuerda Salech.

Junto a las diputadas Carolina Gaillard y Diana Conti, y un grupo de madres del interior del país, Valeria tejió una agenda de visitas a diputados, reuniones de bloque y de comisión.

“Ahí descubrí que me podía defender discursivamente. Eran reuniones a como diera lugar. Algunos diputados se negaban. Las compañeras diputadas me dejaban entrar al anexo del Congreso y me dejaban suelta en los pasillos. Yo iba atacando, ‘¡Diputado, Diputado! Soy de Mamá Cultiva’. Es muy difícil decirme que ‘no’ si te ataco en un pasillo”, explica Valeria.

En 2016, los integrantes de la organización participaron del debate por la reforma de la Ley de Estupefacientes 23.737.

“Fue una estrategia, fuimos a disputar el tema y se impuso el proyecto del oficialismo. Esa noche llovía y yo tenía que salir en un canal de televisión. Tenía un nudo en la garganta. ¿Nos quedamos sin ley o vamos con esta ‘porqueria’?”, se preguntaba de camino al canal.

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Valeria Salech explica que, entre 2015 y 2019, la organización fue criticada por apoyar la Ley de Cannabis Medicinal 27.350.

“Sostener el por qué habíamos impulsado una ley de investigación fue lo más difícil de mi vida… las personas seguían cultivando en la clandestinidad. Quedamos en que era mejor una ley ‘chota’ que ninguna. Nos costó ‘un huevo’ meter el artículo 8 que crea un registro para personas que cultivan. Hoy ese artículo 8 es el REPROCANN. Así nació Mamá Cultiva Argentina”.

El camino de Mamá Cultiva Argentina

Cuando se reglamentó la Ley 27.350, no se reglamentó el artículo 8, que contemplaba la creación del REPROCANN. Es decir, que los legisladores votaron una ley que autorizaba el uso de cannabis medicinal y su importación (en dólares), pero no preveía su producción nacional.

“Éramos referentes para los pacientes pero no teníamos respuestas. Nos convertimos. Muy lejos de generar un cultivo nosotras generamos un dispositivo de acompañamiento para el autocultivo, fue un ‘aprender haciendo’ que perfeccionamos con profesionales para acompañar a las familias, llamado Espacio de Contención y Orientación”.

El cultivo de Mamá Cultiva Argentina

Así, Valeria explica la ramificacion de la organización con un enfoque feminista: “Lo pensamos horizontalmente. No es un curso, dictado de forma vertical, es un espacio de socialización de conocimientos. Socializamos lo que sabemos, no somos profesoras somos minas comunes y corrientes”.

Las charlas incluyen temas como cultivo, maneras de trabajar con cannabis y de tender redes de cuidado, navegar y problematizar el sistema de salud. Es decir, de discutir la forma de hacer política de salud pública en Argentina. Pero como esto no alcanza, las feministas van por más. Buscan cambiarlo todo. La militancia derivó en conciencia feminista y ahora Mamá Cultiva Argentina milita el reconocimiento de los y las trabajadoras de la economía del cuidado.

“Cuando empezamos a tratar con lo que nosotros esperábamos fuera ‘la familia’, nos dimos cuenta que el 60 % de las personas que llegan a nosotros son mujeres, mujeres que cuidan a otras personas. En ese momento nos hicimos feministas. Es el camino de Mamá Cultiva, una organizacion feminista con perspectiva de género y salud, trabajando en leyes que tiendan a cuidar a quienes nos cuidan, a generar un sistema de cuidados equitativo e igualitario y a problematizar un sistema de salud que no nos da respuesta. Sin un sistema de salud integral y feminista no hay cannabis que valga la pena. Podemos legalizar el cannabis pero sin un sistema de salud que lo trabaje de manera integral, volvemos a 0”, sentencia.

Hacia la ley de cannabis medicinal e industrial

En 2020, Valeria Salech pudo reunirse con el Ministerio de Salud de la Nación y con el CONICET. En medio de la pandemia, se sorprendió por la nueva reglamentación de la Ley 27.350, que creaba el REPROCANN, un registro nacional de usuarios autorizados por ley a cultivar y consumir cannabis bajo supervisión médica.

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“Cuando se reglamentó el REPROCANN que contemplaba autocultivo, cultivo solidario y para las organizaciones fue el día más feliz de mi vida. Todo cobró sentido: los cachetazos de 2017, las críticas”, dice Valeria poniendo las cosas en perspectiva.

valeria salech mamá cultiva argentina

El Ministerio de Desarrollo Productivo intervino para impulsar un proyecto de regulación de la industria del cannabis desde el Poder Ejecutivo. Cuando Valeria Salech recibió el primer borrador del proyecto, notó que las organizaciones no estaban contempladas. “Me reuní con las personas que estaban trabajando en el proyecto y le pasamos un documento que habla del precio justo y del desarrollo productivo del mercado de cannabis”, narra.

“Ese día me encontré con dos mujeres con poca información y les hablé de la necesidad de los usuarios de cannabis medicinal. Ahí descubrí que el estado no era ‘un aparato’. Hay personas que aprenden y mejoran, o no. A los cuatro meses, durante la presentación virtual del proyecto, me llegó una copia por WhatsApp. Y ahí vi el artículo 13 donde dice que tenemos que tener un lugar para los pequeños productores de la economía social y ahí empezamos a militar el proyecto”.

Valeria se refiere al proyecto de Ley de Cannabis Medicinal y Cáñamo Industrial que el Ministerio de Desarrollo Productivo envió al Congreso en 2021, y se convirtió en Ley número 27.669 en mayo de 2022.

“Es difícil explicar que una ley de producción no da derechos que vayamos a ver mañana. Es una herramienta administrativa para regular el desarrollo productivo de la planta de cannabis, producción, comercialización, distribución y eventualmente exportación de toda la planta. Ese desarrollo va a venir de la mano de la agencia que propone la Ley 27.669, ARICCAME, que tiene que dar las licencias”.

La ley es el KM cero. Hay que trabajar en la reglamentación, la letra chica, algo complejo ya que es un mercado que existe en la clandestinidad sin una estructura burocrática. El estado es un entramado de ejercicios administrativos, nos vamos a ir encontrando escollos. La agencia necesita ponerse en movimiento y ahí tenemos que estar haciendo valer quienes somos”, afirma Valeria trazando una hoja de ruta a futuro.

“Quiero que haya cannabis hecho por argentinos para argentinos. Ahora sí vamos por una perspectiva de derechos humanos, vamos a tener hectáreas de cannabis, personas con REPROCANN cultivando y organizaciones, y [aun asi] ¿te van a detener por 5 gramos de marihuana? No tiene sentido, vamos por la despenalización de la marihuana, por la implementación de la 27.350 y 27.669”, decreta la militante.

Cannabis hecho por argentinos para argentinos

Mamá Cultiva Argentina se encuentra trabajando con el INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) y cuenta con el apoyo de diversas cooperativas dentro del sector. Valeria Salech confía en el potencial de los clubes de cultivadores para trabajar con el estado y proveer a los usuarios medicinales el cannabis que necesitan.

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Si bien la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica) reguló los derivados vegetales del cannabis, habilitando la comercialización de productos a base de CBD, se trata de productos con ingredientes farmacéuticos activos, elaborados bajo estándares tecnológicos complejos que no todas las organizaciones pueden cumplir.

El libro de Mamá Cultiva Argentina

La legislación reconoce los aceites de amplio espectro y más de 500 cannabinoides (moléculas terapéuticas de la planta de cannabis) pero no autoriza el THC, uno de sus componentes psicotrópicos, en una concentración mayor al 0,3%.

En cualquier caso, los estándares farmacéuticos internacionales aumentan los costos de producción y pueden excluir al pequeño productor argentino, que generalmente cultiva genéticas altas en THC para su uso medicinal.

Y, de hecho, los pacientes necesitan THC para el tratamiento de distintas patologías: desde autismo, pasando por insomnio, enfermedades atópicas, Alzheimer y hasta cáncer. Todas ellas pueden requerir altas dosis de THC al día. Son pacientes que no cuadran en el modelo farmacéutico y mucho menos en la actual Ley de Drogas 23.737.

Cannabis de las tetas

Recientemente, Valeria participó de Las Tareas, un documental sobre las tareas de cuidado, trabajo no remunerado realizado en su mayoría por mujeres en entornos domésticos que resulta sistemáticamente invisibilizado.

“Es un trabajo no remunerado que venimos haciendo desde siempre, que nos limita en nuestros deseos. Muchas veces por ser madre y mujer nos exigen. Las madres damos sin fin, como la teta. Como si nos saliera cannabis de las tetas. No es visto y reconocido nuestro trabajo como cultivadoras y cuidadoras. Como somos Mamá Cultiva, hay un imaginario de que nosotros lo tenemos que regalar o cobrar muy barato. Como si tuviéramos que hacer el trabajo gratis”, explica Valeria.

Y aclara: “Pareciera que tenemos que maternar a la sociedad argentina”.

Valeria tiene claro que las alianzas con los movimientos de la economía popular en el Congreso y en las calles son fundamentales para legalizar el cannabis. Después de todo, el cannabis en Argentina es, en parte, una actividad de la economía social o popular.

Por eso, Mamá Cultiva Argentina acompañó a la Unión de Trabajadores de la Tierra en la presentación de la Ley de Acceso a la Tierra. “Cannabis sin acceso a la tierra, es otra vez la misma historia, otra vez estamos relegadas a depender de un chabon”, explica Valeria Salech en referencia a las diferencias de género en el acceso a la tierra.

Sin embargo, durante el debate en el Congreso, la Diputada Natalia Zaracho, trabajadora de la economía popular, dijo estar en contra del proyecto de Ley de Cannabis Medicinal e Industrial, afirmando que era una ley que favorecía a las corporaciones y a los grandes terratenientes.

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—¿Está quedando la economía popular fuera del debate por el cannabis?

—Es un objetivo pendiente. Tenemos buena relación con el movimiento feminista y lo resolveremos en el movimiento.

—¿Cual es el lugar de los trabajadores del cuidado en la economía del uso adulto del cannabis?

—Me imagino clubes de cuidadoras. Cuidadoras cuidando a otras cuidadoras. No hay nada más saludable para una persona que cuida pueda usar el cannabis para un recreo. Hoy estamos haciendo redes para sostenernos con flores. Ya las hay, pero están desvalorizadas. Falta mucho. Una vez, un diputado me llegó a decir: “Mira, mi mamá crió 7 hijos y nunca se quejó”. Por eso mismo vamos a militar la ley de cuidados.

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Todo Sobre ‘Larica’, el Emprendimiento de Gastronomía Cannábica Más High de Uruguay

Nota por Franca Quarneti publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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“Mi idea siempre fue alimentar, primero a mí misma y después a la gente”, apura de una Marcela Ikeda, la fundadora de Larica, el emprendimiento de gastronomía cannábica más cool de Uruguay.

¿Larica? En portugués, larica se usa para designar ese estado de hambre voraz que suele asaltar a quienes fumaron marihuana. El equivalente a “bajonear” en castellano y a los “munchies” del mundo angloparlante.

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Marcela tiene una historia particular: es brasileña pero creció en Japón y, en 2015, aterrizó en la Banda Oriental. Como no hablaba el idioma, tuvo que encontrar otras maneras de comunicarse.

“Larica nació de mi deseo de comer. Me acuerdo que cuando llegué quería recrear los sabores de mi niñez y, a su vez, también quería comunicar. No hablaba español y la comida me pareció un elemento muy interesante para usar como medio de comunicación”, recuerda.

Con ese anhelo en mente, Marcela empezó haciendo viandas el 1 de mayo de 2015. Pero, con el tiempo y tras experimentar con comestibles de cannabis, su proyecto fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy: pasó a tener un restorán a puertas cerradas (Cenas con María) y hacer apariciones itinerantes por distintas partes del mundo, como España y Portugal. Además, Larica cuenta con servicio de delivery de alimentos seleccionados y con un proyecto de salsas picantes llamado Asia The Lab.

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“Hacerme un lugar en la gastronomía uruguaya fue interesante, porque acá nunca se habló de gastronomía cannábica. Solo brownies, galletas y cosas un poco más comunes. Yo me destaqué en la gastronomía uruguaya por traer la cultura japonesa y asiática a través de mis platos. Para mí fue muy interesante lograr llamar la atención porque soy extranjera, hija de japoneses y también por el estilo de comida que yo brindo: comida con cáñamo, con cannabinoides”, le cuenta a El Planteo.

Cenas con María

¿Cómo es una experiencia típica de Cenas con María? Bueno, por lo general, los comensales llegan alrededor de las 8 PM, cargando una mezcla de timidez y ansiosa expectativa por lo que está por venir.

“Son unos primeros 5 o 10 minutitos de vergüenza, pero después se van liberando y se van conociendo unos a otros”, relata la chef.

Entonces, luego de los saludos y todos los preámbulos de cortesía, Ikeda pasa a exponer cuáles serán los platos y, sin más, comienza la degustación gastronómica 420, que se extenderá, aproximadamente, hasta las 11 PM.

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Ahí, entonces, la cocinera y emprendedora hace gala de su talento y agasaja a sus invitados con platos como el Okonomiyaki (un plato tradicional japonés callejero de verano), Bao Buns (panecillos coreanos a base de harina de cáñamo con un poco de aceite de cáñamo) y Hempesto (un pesto hecho con hojas de cannabis que es sumamente popular entre la gente).

“Mi idea es siempre traer mi historia a través de los platos y actualmente esos son dos platos que a mí me gustan mucho de Larica”, apunta.

Para culminar el viaje, los asistentes pueden decidir si quieren realizar una degustación de flores de marihuana. “Hay mucha gente que prefiere solo comer. Al final, se llevan algunos comestibles“.

Larica, impronta cosmopolita

Con cenas itinerantes en varias latitudes del mundo, cursos educativos de Larica en España y Portugal (“Y en otras regiones de Europa donde los idiomas se conectan”) y su marcada influencia asiática, el proyecto culinario de la chef brasilera posee una marcada impronta cosmopolita.

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“Creo que lo cosmopolita viene de ese pasaje que yo tuve por el mundo, por Tokio, por Bangkok, por Kuala Lumpur. Quiero comunicar la palabra a través de Larica y su estética tiene mucho que ver con lo que he visto por ahí. Viajar, romper barreras y llevar el cannabis por el mundo: tengo ganas de seguir internacional y globalizar la marca“, expresa Ikeda.

—¿Cómo caracterizarías tu relación con Japón, un país que tiene una política de cannabis muy prohibicionista?

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Mi relación con Japón es muy estrecha, con todo lo que es comida asiática, sobre todo la japonesa. Y fue en Japón donde yo conocí el cannabis: aunque sea un país con mucho prohibicionismo, también es un país muy consumidor. Las fibras de cáñamo fueron utilizadas para hacer la ropa de los samuráis, los kimonos de las geishas y todo relacionado al cannabis siempre fue de mucho provecho en Japón.

Curso de cocina 420

En septiembre próximo, Larica brindará un curso online de cocina cannábica para principantes.

Por caso, la modalidad de la capacitación será virtual, y se abordarán temas como la descarboxilación; la infusión de cannabis en manteca, aceite y leche; y recetas como brownies locos, panqueques de cáñamo, pana cotta y arroz, entre otras delicias 420.

“Es para que las personas que quieran introducirse a la cocina con cannabis tengan un primer contacto”, apunta Marcela.

¿Cómo anotarse? Muy sencillo: contactarse con Larica a través de su cuenta de Instagram. 

Fotos cortesía de Pedro Paiva y Lalo San.

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El Dolor No Espera: La Historia de Carlos ‘Goma’ Ossa, Uno de los Casos Testigos del Activismo Panameño

Nota por Hernán Panessi publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Espasmos musculares, contracciones en las piernas, una bola de incertidumbre. Durante una de sus crisis causadas por la esclerosis múltiple, una enfermedad del sistema nervioso que afecta al cerebro y la médula espinal, el cocinero y restaurateur panameño Carlos “Goma” Ossa escuchó sobre los beneficios del cannabis medicinal. Ni milagros, ni fantasías: una planta con soluciones.

Con ayuda de alguien más, enroló como pudo, pidió una mano para darle mecha y, poco a poco, las afecciones de su cuerpo comenzaron a calmarse: “Sentí que mi dolor había mermado”.

El cannabis lo había ayudado a apaciguar su pesar. Una puerta se estaba abriendo.

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Comenzó a leer en Internet. Viajó a Estados Unidos para empezar un tratamiento. De sopetón, trajo escondida su medicina. Y su caso se convirtió en testigo: desde ese entonces, “Goma” reparte su tiempo entre sus tres restaurantes, su familia y un activismo a tiempo completo.

Años de militancia

“Yo tengo el privilegio de salir y traer mi medicina. Pero no es justo, no es algo que puedan hacer todos los pacientes panameños”, confiesa Ossa en exclusiva para El Planteo, en un parate del Latam Cann.biz, el evento cannábico interdisciplinario que lo tuvo entre sus principales oradores y protagonistas.

“Sé que muchos sienten dolor. Yo quiero reducir ese dolor a la mayor cantidad de gente posible”, sigue.

Así, Ossa se presentó insistentemente ante la Asamblea Nacional durante cinco años empujando la demanda de miles de pacientes. “Haciendo docencia nos ganamos la confianza de la ciudadanía”.

En ese sentido, “Goma” enfoca bien sus prioridades y destaca el valor del cannabis medicinal: “No se trata de fumar marihuana. Se trata de salud, de un derecho humano”, comenta.

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Por caso, durante estos días, Panamá celebró la reglamentación de una ley de cannabis y sus derivados para uso terapéutico y Ossa, que anda tan feliz como expectante, asume que “la legalización traerá un mercado seguro e informado”.

El dolor nunca espera

Cada viaje era un martirio. En cada milla, el miedo de la ilegalidad. En sus bolsillos, aceites y concentrados. En sus bolsillos, su medicina. En sus bolsillos, un ticket a la paz o, en su reverso, a la oscuridad.

“Era un producto hecho en California”, revela Ossa, quien reconoce el peligro de cada uno de esos trips. Pero, como le dijo a El Planteo la activista española Carola Pérez, el dolor nunca espera.

En Panamá se viven días de ilusión. Lógicamente, salir del claustro para conseguir una mejor medicina, sin estigmas y con más accesibilidad entusiasma a una buena parte de la población. “La maratón apenas está empezando”, advierte rápido de reflejos Ossa.

Es que, entre otros menesteres, aún faltan meses para el registro único de pacientes y, además, debe concretarse un profundo proceso educativo ante los médicos.

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El momento es histórico pero es apenas una pequeña puntita. “Nos toca estar vigilantes para que se haga un producto seguro y accesible”, refuerza el activista.

carlos ossa cannabis goma panamá

Y, asimismo, sabe bien que este proceso hacia adelante también debe revisar acciones del pasado. En su país, aún hay presos por plantar. También hay personas privadas de su libertad por tener algún gramito de marihuana para consumo personal.

“Hay quienes dicen abiertamente, como yo, que consumen algo ilegal y nunca les pasó nada. Pero hay gente en la cárcel por lo mismo”.

Entonces, podría asumirse que el caso de “Goma” es tremendamente peculiar. En sus palabras: “Fui bien abierto desde el primer momento. Siempre le acepté a los gobernantes que consumía algo ilegal. Muchos no podían dar la cara. Ya sea por trabajo o por familia. Eso frenó a que más pacientes quisieran salir a hablar”.

Activismo con propósito

Así las cosas, Ossa junto a un convoy de médicos, comunicadores, pacientes y activistas pusieron el tema en agenda. “Lo señalamos como una necesidad. Y acá estaba toda la evidencia”.

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En su caso, unas gotas le brindan un alivio casi inmediato, unos 15 o 20 minutos después de cada episodio. “Pero no busco sentirme mejor en soledad. Yo quería que el resto del país también tuviera acceso. Me motivó el dolor colectivo”.

Lo suyo es, digamos, un activismo con propósito.

“Los estereotipos sociales ya no aplican (si es que aplicaron algún día). Esto no es un tema de hippies ni fumetas. Hoy en día, los protagonistas del tema son médicos, pacientes, agricultores, economistas, abogados, atletas, niños con epilepsia y abuelitos con dolores. En fin, es un tema de la sociedad entera”, concluye.

Fotos cortesía de Carlos Ossa

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Rebotame que Me Gusta: Algunos Puntos de Vista sobre la Cultura del Dresscode y el Derecho de Admisión en los Clubes de Berlín

Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Berlín es la meca global del techno y sus clubes bailables son parte fundamental del capital cultural de la ciudad. Un aura sagrada los rodea. Y es un hecho: no se parecen a los de ninguna otra parte del mundo, y las cosas que pasan allí no pasan en ningún otro lugar.

Que está prohibido sacar fotos, que podés cruzarte con un gang bang en acción, que podés hacer cuatro horas de fila y el “seguridad” puede no dejarte pasar si no sos lo suficientemente góticx: se dicen muchas cosas, y la mayoría son ciertas.

Aunque, obviamente, el relato es solo una porción -reducida y simplificada- de la realidad, y del infinito abanico de posibilidades que se abren al atravesar (o no) las puertas del Berghain, Trésor, KitKat, Sisyphos, RSO y muchísimos más. Sitios que, más que clubes, a esta altura, son instituciones. Tanto que tienen su propio comité regulador, que es el organismo por donde pasan las decisiones políticas, económicas y sociales que competen a la rave berlinesa.

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La cuestión del derecho de admisión y del código de vestimenta encarna en sí misma varias contradicciones. Algo que sería muy problemático en un país como Argentina, donde el derecho de admisión basado en la vestimenta tendría sí o sí implicancias clasistas. Pero, en Alemania, se sostiene y se celebra.

¿Por qué algo a simple vista tan discriminatorio y arbitrario, tan contrario a los valores que se predican hoy en día, es no sólo tolerado sino celebrado? ¿Cómo puede ser esto una parte esencial del folklore joven de una de las ciudades más modernas y progresistas que existen? ¿Tiene algo de positivo? Y, finalmente, ¿cómo podemos garantizar nuestra entrada a los clubes?

Un poco de contexto

Berlín es una ciudad de polaridades y contrastes, con identidades muy marcadas y en ciertos aspectos opuestas entre el este y el oeste , el invierno y el verano, el día y la noche. En esta última dicotomía vamos a hacer pie: la Berlín diurna es una ciudad (muy) verde que se recorre en bicicleta, familiar, de eventos al aire libre, ferias comunitarias, paraíso vegano y ecofriendly. De noche, su condición de capital de la contracultura se deja notar. La música es dura, los antros están derruidos, las drogas y el sexo están a la vista y no escandalizan demasiado a nadie.

Todo esto parece coexistir sin mayores tensiones porque Berlín es la ciudad de las libertades individuales. Su sociedad está cimentada sobre un pacto social de respeto al prójimo, absoluta confianza y cero intrusión en la vida ajena. Mientras se cumplan las tres, el equilibrio se sostiene.

Y si bien se ve mucha más gente viviendo en la calle que en algunas otras ciudades de europa, y aunque parezca la capital absoluta del hedonismo, la tasa de criminalidad es bajísima, les niñes andan soles por la calle desde muy pequeños y la confianza en el vecino es uno de los pilares de la vida cotidiana.

Algo que tal vez nos cueste entender a aquellos que vivimos en otros tipos de sociedades es que, paradójicamente, las reglas de la libertad son duras. Y, si bien nadie que no sea local tiene porqué hacerlo a priori, conocerlas (y acatarlas a rajatabla) es clave para tener una buena experiencia. Esto se traslada a lo que pasa dentro de los clubes.

Por ejemplo, consumir drogas en la pista de baile es motivo de expulsión, y no de buena manera. Pero meterse de a 5 personas en un baño a consumir lo que sea y pasar quince minutos allí mientras la gente espera fuera, o recibir una lluvia dorada en el dark room está permitido y es, de hecho, esperable. Confuso, ¿cierto?

En líneas generales

Hay un solo consejo que vale para todas las raves: no vayas a ningún lugar sin saber a dónde estás yendo. 

Cada club tiene su propio dresscode y en muchos casos éste cambia según la propuesta de la noche. Los hay más estrictos (Berghain, Kitkat) y más laxos (Trésor, Renate, Sisyphos), pero en todos es recomendable informarse sobre si hay, por ejemplo, una noche temática: kinky, fetish y queer son consignas relativamente habituales.

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La información sobre el dresscode de cada noche en particular muchas veces no está disponible a simple vista en redes sociales, pero existe y se encuentra. Sin embargo, hay algunas reglas de etiqueta a la hora de hacer la cola que suelen ser comunes y no tienen que ver con el look: no demostrar ser un grupo grande, no usar demasiado el celular y muchísimo menos sacar fotos, no hablar demasiado (menos en idiomas extranjeros), no estar dadx vuelta y no demostrar un entusiasmo excesivo.

Foto: James Dennes, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons // Editada en Canva

Si se quiere entrar hay que jugar el juego, encarnar la performance: vestirse, separar el grupo grande en conjuntos de dos o tres personas máximo (incluso mejor solos), poner cara de perro y esperar encontrarse todos adentro. Lo cual es probable que no suceda. Y de nada sirve pelear, enojarse o insistir.

Esta aversión por los grupos grandes no es casual: principalmente cuando son de hombres, éstos grupos son mucho más propensos a generar situaciones problemáticas y de invasión del espacio personal en un contexto donde debe primar la libertad individual y la comodidad. En Berlín se baila solo. A diferencia de lo que acostumbramos de este lado del globo, se espera que la experiencia clubera en Berlín sea casi introspectiva: que la gente se conozca dentro, tal vez tenga sexo, tal vez comparta un rato, pero que literalmente cada uno esté en su mambo. Las personas bailan solas, mirando hacia la cabina de lx DJ o hacia el punto que quieras: los grupos grandes, y ni hablar si bailan en ronda, generalmente no son locales.

Otra particularidad es el rango etario: si la escena techno en Argentina está dominada por la franja sub 25, en los clubes berlineses se ven poco y nada caras post adolescentes. Verse muy joven es un punto en contra para entrar. El público de los clubes suele rondar los treinta y pico.

Las paradojas de la no discriminación

La obsesión por buscar ambientes cuidados tiene en gran parte que ver con la búsqueda de la no discriminación: no racismo, no sexismo, no homofobia, no intolerancia de ningún tipo. Esa suele ser la bajada de la mayoría de los clubes emblemáticos de Berlín. Sin embargo, en la tipificación del sujeto que no discrimina, no es sexista ni homofóbico, obviamente se cuelan también prejuicios y, se quiera asumir o no, discriminación. Como si no fuera discriminador y problemático partir del supuesto que la gente que no discrimina luce y viste de cierta manera.

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Se entiende que en la vida nocturna de esta ciudad, parecer y ser son considerados una misma cosa. “Dejé de vestirme todo de negro porque eso está muy asociado al techno y me ha pasado que al estar por tocar me digan ‘qué bueno, vos no vas a pasar reggaeton’ y tal vez sí paso reggaeton”, dice Pablo Betas, aka Bungalovv, músico y DJ argentino que vive en Berlín. Su sonido va del noise al deconstructed club y aunque es oscurísimo, tiene mucho más que ver con los ritmos latinos que con el bombo en negras. Y, en un contexto donde la vestimenta es tan precisamente considerada código, tal vez en ciertos momentos su look implicaría cosas sobre su arte que no son ciertas.

“En Argentina no te dejan entrar por puto, pero no sé si hay hay algo peor para un puto que no te dejen entrar a un boliche por parecer paki”, reflexiona Joaquín, argentino y gay, luego de que le denegaran la entrada al KitKat por cuestiones de dresscode. Joaquín se presentó de remera negra de banda, pantalón negro y luciendo sus elaboradas uñas esculpidas.

Pau es español, vive en Berlín y trabaja en la barra de Renate, en el barrio de Treptower Park. No es de los clubes más exigentes en cuestiones de dresscode pero sí en algunas noches temáticas particulares. En su experiencia, la cultura del derecho de admisión acaba teniendo consecuencias más positivas que negativas, pero le genera sentimientos encontrados: “Entre las cosas negativas se encuentran que la gente deje de ir, bien por el medio a ser rechazadx o por no estar de acuerdo con el hecho de que te juzguen sin conocerte, cosa que me parece razonable”, lamenta Pau.

No está escrito en ningún lado pero, en los clubes más famosos, de fuerte impronta queer o gay, las mujeres son minoría, así como las lesbianas, las personas trans y las masculinidades fluidas. Y entre los hombres cis, con ser y parecer homosexual, muchas veces tampoco alcanza. Incluso, dentro de la comunidad LGBTQ, hay preferencias; aquellos que más garantizada tienen la entrada a los clubes berlineses más emblemáticos son los hombres cis que encarnan una masculinidad hegemónica. Normativa, bah. Cuerpos tallados, cuero, látex y actitud, con perdón de la simplificación, activa. Pero ojo: el típico grupo de chabones tiene el rechazo casi garantizado.  

clubes berlin tresor
Foto por Thomas Stein, CC-BY-SA-2.0, vía Wikimedia Commons.

En los clubes más sex positive (aptos para tener sexo), claramente la codificación tiene que ver con la orientación sexual y la identidad de género: en Berghain, la mayoría son hombres cis pero se ven muchas más identidades trans que en KitKat, por ejemplo, de impronta mucho más binaria.

Vale aclarar que ésto refiere a estos grandes clubes emblemáticos: la escena rave en Berlín no termina ahí y está repleto de kulturhaus, espacios y fiestas independientes que se corren del lugar institucionalizado del club y buscan convocar otro público, femenino, feminista y disidencias no cis. Pero vale insistir en que el concepto de rave como la cápsula espacio-temporal donde cada persona puede ser quien es atraviesa el ADN de la ciudad sea cual sea la escena y la línea editorial del evento. Por lo tanto, lo normativo no es muy bien recibido en ningún contexto.

El rebotador, una curiosa institución

La figura del bouncer (que viene de bounce, precisamente rebotar, en inglés, y en criollo sería el patova) es distinta en Berlín que en otros lugares de Europa y ni hablar de Latinoamérica. “Establecés una relación tóxica con los patovas”, ríe Joaquín. Una relación en la cual hay bronca y desprecio pero una necesidad absoluta de igualmente ser aceptado.

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Pau compara con los bouncers de su país natal: “Con aires de superioridad por cuestiones físicas y con un trato para nada agradable”, cuenta. Y eso es verdad. Los bouncers de los clubes de Berlín no son personas enormes y musculosas vestidas de uniforme: su autoridad no pasa por ahí.  Hay que decirlo con todas las letras: el capricho juega un rol importante, se cuida y se celebra, en lo que atañe al rol del bouncer. Y, si no te gusta, ahí está la puerta (que no vas a poder atravesar).

Y si bien el bouncer del Berghain ha dejado afuera sin motivo a gente que hizo fila por horas con temperaturas bajo cero, su condición de rey del hielo parece inobjetable. Su “no es no”, y listo. No hay más explicaciones. El lado oscuro (mejor dicho: uno de los tantos) es que se han reportado casos de bouncers de clubes menos afamados que, subiéndose a esta mística, han tenido conductas sexistas, racistas y clasistas con total impunidad.

Los sí

“El tema del dresscode sí creo que tiene consecuencias positivas para la experiencia, sin dudas, tanto para Renate como para todos los otros clubes”, reflexiona Pau.

“Si bien puede ser basado en prejuicios y aunque haya gente que, entre muchas comillas, ‘merecería entrar y no entra’ y gente que, entre muchas comillas, ‘no merecería entrar y sí entra’, sí creo que la mayoría de la gente que entra está ahí para disfrutar, bailar y dejarse llevar. En las fiestas donde no hay ninguna clase de filtro en la entrada, el ambiente puede ser menos de este tipo, más normal en un mal sentido”.

Como Joaquín, que días después volvió a intentarlo y finalmente entró a KitKat, y con un poco de bronca tuvo que asumir: “Estando adentro entendí por qué no me dejaron pasar la otra vez”.

Será porque el filtro basado en la apariencia es efectivo o porque el sentimiento de agradecimiento y felicidad por haber entrado hace que todo el mundo se predisponga de la mejor manera, pero esa atmósfera “curada” se siente y para bien. Adentro, nadie mira a nadie, ni nadie presta demasiada atención a nadie. Tampoco, de no meditar una expresión de voluntad, nadie toca ni busca a nadie para bailar. Es una extraña imagen de vibración colectiva constituída por muchas individualidades.

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La prohibición de sacar fotos se extiende hacia todos los clubes de techno. Algunos son más laxos con la utilización de celulares adentro y colocan un sticker sobre la cámara. Otros directamente obligan a dejar el bolso con el celular adentro en el guardarropas, y eso va a depender de la actitud de quién esté en la puerta.

Pasado el momento de ansiedad inicial es inevitable estar de acuerdo con la medida: la imposibilidad de registro, mucho más que el dresscode, es lo que habilita la magia.

Si cualquier persona pudiera fotografiar lo que sucede allí dentro, simplemente esas cosas no podrían suceder. ¿Tendría sentido la existencia de un darkroom si estuviera lleno de turistas haciendo stories? Claro que no. ¿Habría tanta mística alrededor de toda la escena rave berlinesa si la viéramos, precisamente, por stories en vivo todos los fines de semana? Tampoco.

Zoom in: Berghain, KitKat, Sisyphos

Al entrar a KitKat, la sensación es la de ingresar a un palacio romano psicodélico de la orden de Calígula: la enorme cantidad de cuerpos semidesnudos o desnudos son lo de menos. Un espacio lleno de recovecos, espejos y alfombras, pintadas fluorescentes, con un lounge lleno de camastros digno de un spa del inframundo y una piscina de ambientación oriental llena de inflables.

En este club se siente eso de club más palpablemente: en KitKat la música no parece ser lo principal. Es más un punto de encuentro, entre un sauna, un boliche y precisamente un club social muy exclusivo. La gente se agrupa a los costados de la piscina y chillea, conversa, se ven muchos grupos de personas que se conocen de ahí adentro y que seguramente no llegaron juntxs porque ya saben dónde encontrarse. Claro que las pistas están llenas, pero no cubren ni la mitad de la superficie total de lo que es el club en sí, y no son el espacio principal donde se desarrolla la acción.

Como en un buen club social exclusivo, la gente no va en grupos grandes sino a encontrarse con los amigos del club. Y el derecho de admisión es una cuestión a tener en cuenta: áspera para principiantes e iniciados, y ningún motivo de preocupación por los habitués que ya tienen ganado su derecho de piso.

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Sin embargo, KitKat tiene una fama sobre la cual no hay consenso: si bien allí funcionan noches fetish en donde la inmensa mayoría son hombres gays buscando hombres (y donde el dresscode de latex, desnudez y BDSM es estricto), los fines de semana es un club donde la gente, sea cual sea su orientación sexual, va a tener y buscar sexo. Y ese inevitablemente es un terreno que a veces se vuelve pantanoso y tiene potencial de tornarse desagradable para ciertas sensibilidades.

Tybo, un joven suizo radicado en Berlín, dijo durante el amanecer de una noche de jueves de fetish: “Mañana no vale la pena venir, mucho más straight y aburrido”.

Sisyphos tal vez tiene una bajada más vainilla y apta para todo público, y esa es la razón por la cual muchxs berlineses lo consideran “más turístico”. Es muy turístico también porque es un lugar fascinante. Allí, los dresscodes no suelen ser tan estrictos y la música no se limita al techno berlinés, sino que en sus múltiples pistas también hay house y otras yerbas. 

No es un club tan sex positive como los otros y, por lo tanto, es un buen intermedio para aquellxs ravers que quieren bailar y presenciar un poco de la excentricidad berlinesa sin meter los dos pies en un agujero espaciotemporal.

El dresscode es relajado y cool y hace eco en el espacio, donde, en la temporada cálida, el afuera es casi más importante que las pistas cerradas, y la gente disfruta refrescándose en la playa artificial que se encuentra dentro del enorme y delirante predio. Los colores y las texturas amables están permitidos: simplemente es mejor no llevar nada demasiado acartonado, pretencioso ni que grite “oficinista en su día libre”.

Muy divertido y ameno. No obstante, no es el club favorito de los “music nerds” ni de los cultores del techno berlinés. Ese es Berghain, reconocido como “el mejor club del mundo”, el que tiene el mejor sonido y el santo grial para lxs DJs de todo el mundo.

clubes berlin sisyphos
Uploaded, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Berghain es aquel que popularizó esta dinámica y tiene unos de los derechos de admisión más estrictos, siendo su bouncer, Sven Marquardt, un personaje de culto que hasta tiene su propio documental. Se comenta que figuras como Britney Spears y Elon Musk se quedaron afuera de Berghain. No existe otra sala de entretenimiento en el mundo que siquiera se le acerque en mitología. De más está decir que adentro no hay espejos ni relojes.

Berghain nació como club gay de hombres -cuando se llamaba Ostgut, a fines del milenio pasado- y algo de esa impronta todavía perdura, aunque toda disidencia tiene más chances de entrar que hombres y mujeres de aspecto normie.

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Sí, vestir de negro no va a estar de más, y ser alemánx también ayuda: se convirtió en una especie de juego de turistas el lookearse y seguir todas las indicaciones a rajatabla para ver quién entra. Y esa es precisamente una de las pocas cuestiones sobre las cuáles hay consenso a la hora de hablar de este tema: el objetivo es que pase gente que está ahí por la música, para bailar y vivir la experiencia, y se busca evitar a toda costa a quienes quieran entrar para decir que estuvieron allí. Esto hace que el look sea muy importante pero el trying too hard sea razón de rebote. Así que: dark sí, fetish sí, cómodx también. Disfrazadx, demasiado elegante o siguiendo un manual de estilo a rajatabla, no.

Dentro del club, pasa algo similar a lo que describe Joaquín: se entiende por qué tanto lío alrededor del ingreso. La atmósfera es cuidadísima, hay espacio para bailar, circular y escuchar. La cabina de lxs DJs está a la altura de la gente y a un costado: el protagonismo lo tiene la pista. Y con el mejor soundsystem del mundo, el famoso Funktion One, y con lxs DJs más celebrados del techno global. Así, entonces, la pista sólo merece estar cuidada. Estando adentro es inevitable pensarlo: sí, toda la mitología es cierta, es el mejor club del mundo.

“Cuando fui a Berghain hice tres horas de cola y entré. Y había mucho sitio adentro. No sé si daría para que todo el mundo entre, pero también es verdad que no les hace falta. Entré a las 4 y media de la mañana, estaba pinchando Ben Klock y pude tenerlo a un metro, estar delante de los altavoces y tener mi espacio para bailar perfectamente”, cuenta Pau.

Y sucede que, entre tanto relato, leyenda, mística y habladurías, se pierde de vista algo elemental: estos clubes tienen una demanda muchísimo más grande de la que pueden abarcar. Simplemente no hay espacio para la cantidad de gente que potencialmente quisiera entrar, todos los fines de semana de todo el año. Y mientras más crecen las leyendas, más gente y menos espacio. Y más despiadado el bouncer.

Esta cronista llegó a la puerta del Berghain un día que había menos de diez personas adelante: pasamos todxs, hasta los no góticos. Si alguna vez fuiste y no pasaste, al final nunca vas a saber si tu outfit estaba mal, si tu acento no gustó, si el bouncer se despertó de mal humor o si, simplemente, era un mal horario por el tráfico excesivo de gente. “Sí hay mucha mitología alrededor de ésto, alguna basada en la realidad y otra no, pero sí siento que es un poco parte de la gracia”, concluye Pau.

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Mayer Mizrachi: El Emprendedor Panameño que Rompió sus Prejuicios con el Cannabis

Nota por Ulises Román Rodríguez publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Mayer Mizrachi es un niño-grande. Con una habitación-oficina en la que conviven Batman y Mario Bros, el emprendedor panameño nacido en 1987 creó el marketplace Geeky Drop al que bautizaron “el Amazon de Panamá”.

Graduado en Finanzas y Economía en la American University en Washington DC, Mayer creció pensando que todo el universo emparentado al cannabis era “malo, nocivo e ilegal”.

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El prejuicio alimentó buena parte de su juventud hasta que, a los 18 años, comenzó a sufrir epilepsia.

En esos difíciles momentos de salud, su médico le indicó que, cuando no pudiera acceder a los medicamentos indicados para el tratamiento, consumiera cannabis.

Eso significó un cimbronazo para su estructura mental acerca de la legalidad o ilegalidad de consumir “la planta prohibida”.

Sin embargo, consideró que no podía desestimar la sugerencia ante el desabastecimiento del medicamento.

“Así que comencé a consumirlo ante el temor de sufrir un ataque mientras conducía y provocar un accidente que pudiera dañar a otras personas”, cuenta a El Planteo desde su silla gamer.

Con visión de futuro

El joven empresario, que será uno de los disertantes en la conferencia Latam Cann Biz que se realizará este 1 y 2 de septiembre en Panamá, aún no ha invertido en la industria del cannabis en su país “porque es ilegal” pero sí lo ha hecho en Estados Unidos.

“Creo que, a nivel económico, el cannabis es una excelente fuente de ingresos fiscal para los gobiernos municipales, locales e incluso nacionales”, dice Mizrachi.

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¿Qué opinión tenés respecto a la legalización del cannabis en Panamá?

—Creo que hay que ser un buen replicador de lo que funciona en países más grandes, más eficientes y más ricos que los nuestros. La legalización de la marihuana a nivel fiscal ha funcionado, a nivel social ha funcionado y ha tenido impacto positivo.

Para Mayer, un ejemplo a destacar es el caso de Puerto Rico que, a nivel socioeconómico, se parece bastante a Panamá.

“Es un excelente caso para darse cuenta de que no se incrementó la criminalidad, ni el consumo o el índice de crimen por drogas”, sostiene.

De todos modos, el emprendedor panameño reconoce que no es “un súper fan del cannabis y no cree “que resuelva todo en la vida”.

Mizrachi entiende al cannabis “como fuente de activación económica y de solución medicinal alterna”, en un país como Panamá “que sufre el desabastecimiento de medicinas y los altos sobreprecios en medicamentos”.

Economía y salud

El empresario, que atravesó un proceso judicial por el que estuvo 6 meses en prisión, está convencido de que el primer paso que hay que dar en su país es “descriminalizar” para que consumir “no sea un crimen”.

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¿Estarías dispuesto a invertir en tu país si llegara a legalizarse? 

—Sí, claro. Soy una persona que apuesta al desarrollo económico de Panamá e invierto activamente en proyectos que crean empleos, pero me entusiasma aún más proyectos que crean industrias.

Mizrachi cree que la industria del cannabis en Panamá “podría ser súper exitosa, de muchos beneficios a nivel salud, muchos beneficios a nivel económico, a nivel sector privado, a nivel comercial y a nivel estatal para la recaudación de impuestos”.

A pesar de estar formado en economía y finanzas, en un momento de su vida decidió dejar ese mundo para crear aplicaciones y emprendimientos basados en tecnologías, software y startups, y además de crearlos, invertir dentro de ellos.

En ese camino fundó GeekyDrop, un marketplace nacido durante la pandemia y al que todos llaman el “Amazon de Panamá”.

¿Cómo nació la idea de crear GeekyDrop?

—Se inició con un único rol: proteger a la gente de estafas, todas las cosas que hago tienen que tener un grado de impacto positivo en la sociedad.

Además, Mayer Mizrachi utiliza sus redes para promover obras solidarias. Con ese espíritu inició Toy O No Toy, un canal de YouTube, donde invitaba a las personas que estaban emprendiendo en plena pandemia y allí decidían si invertir en esos proyectos.

Fue tal el suceso, que ya va por su tercera temporada y ha sido levantado por la televisión nacional. Toy o No Toy lo realiza con dos socios, que poseen el mismo deseo de crear impacto y beneficiarse de él.

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El otro universo

Entre los emprendimientos y los negocios, Mayer siempre deja un momento para el streamer y el gamer que lleva adentro.

Actualmente, es uno de los tops streamers y gamers de Panamá en Twitch: “Me apasiona desde niño todo lo que es tecnología”, dice.

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A pesar de su popularidad en el mundo virtual dice que no se considera “un influencer” sino “un emprendedor”.

Mizrachi le escapa a esta etiqueta de influencer porque afirma: “Yo no hago pautas, no cobro para usar marcas y si promuevo un libro es porque lo leí, me gustó y considero que compartir ese conocimiento con la gente es de mayor valor, no porque alguien me pagó”.

Fotos cortesía

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